La Constitución Española establece en su artículo 47 el derecho al disfrute de una vivienda digna y adecuada y a los poderes públicos la obligación de promover las condiciones necesarias para hacer efectivo este derecho. Una aspiración de buenas intenciones por parte de la Constitución pero muy lejos de alcanzar sus objetivos.
Los animales tienen un lugar
donde sentirse protegidos. Donde refugiarse en tiempo de inclemencias y
descansar del ajetreo de la vida. Nidos, guaridas, madrigueras,
covachuelas… incluso las ramas de los árboles sirven para ello. Las personas
teníamos que tener todos nuestras viviendas, bien propias o en alquiler, sean
más pequeñas o más grandes, más sencillas o más lujosas. Cuatro paredes y un
techo forman un hogar. Cobijo en el que la familia charla sin oídos
inoportunos, comparte tristezas y alegrías y se lavan los trapos sucios si los
hubiera.
En mi pueblo era
frecuente, en tiempos no tan lejanos, que los recién casados, a falta de
vivienda, se quedaran en las de los padres de uno de los cónyuges, generalmente
en los de la mujer. Una rama ganaba un hijo y otra lo perdía. Acondicionaban
una habitación como su zona exclusiva. Las demás dependencias de la casa:
cocina, cuarto de aseo, sala de estar, patios, corrales y pasos eran de uso
compartido por todos los miembros de la familia, que podía incluir también a
los abuelos. Todos, aun no queriendo, estaban al tanto de las peripecias y
horarios de los demás.
La convivencia es complicada y
exige renuncias y adaptaciones. La zona exclusiva de cada morador se reduce a
unos metros cuadrados. Tienen que regularse el uso de los servicios, los gastos
comunes, las visitas de amigos y familiares… Y lidiar con el carácter de cada
uno. En suma, se pierde libertad y aumentan las molestias.
Ahora los pueblos pequeños están
perdiendo moradores, solamente vive gente mayor, hay una tendencia de los
jóvenes en vivir en las grandes ciudades, los jóvenes salen fuera a estudiar o
trabajar, lo que trae consigo una fuerte demanda de viviendas, lo que las
encarece en exceso para la mayoría, dificulta o imposibilita las opciones de
adquirirlas o arrendarlas. Hay residencias de estudiantes a más de mil euros
por mes para los que pueden pagarlas. Pero el grueso del pelotón tiene que
compartir piso con compañeros, unas veces conocidos o desconocidos, como antes
se hacía con suegros y parentela anexa. Ninguna de las dos opciones es
deseable.
Citaremos el desahucio que ha acontecido
recientemente, con unas peculiaridades especiales y que ha conmocionado a esta
sociedad, a veces fría ante los problemas del prójimo, así como a algunos
políticos y medios de comunicación, Durante este pasado mes de septiembre es
sacada de su casa a una señora de 87 años, que vivía en Madrid en un piso
arrendado en contrato antiguo. Ese piso lo adquieren esas sociedades inversoras
en la construcción, llamadas “fondos
buitres”, conocedoras de los fallos de nuestra administración y con un buen
plantel de abogados que consiguen echar a la calle a dicha señora, sin recursos
económicos ni sitio donde ir, al no poder afrontar el excesivo aumento de las
mensualidades de su renta. Al desahuciarla es sacada de su casa en camilla para
ingresarla en un hospital donde a los 15 días fallece. Esta anciana fallecida se ha convertido últimamente en un icono o símbolo
de los movimientos de protesta ante dicha
crisis.
Creo que las autoridades deben poner freno a
estas sociedades especuladores de la construcción. Igualmente controlar un poco
la subida en la adquisición de pisos nuevos en las grandes ciudades, con precios
prohibitivos para los que más lo necesitan que son los jóvenes.
Otro fenómeno muy común en
estos tiempos de crisis de la vivienda y que afecta principalmente a las
personas más vulnerables económicamente son los pisos compartidos, que en otra
época se llamaban “con derecho a cocina”
al ser esto común para las familias que compartían dicho piso. Ahora está muy
de moda el alquiler un piso por habitaciones,
incluso los arrendadores propietarios dividen el salón en dos partes para así obtener
más rendimiento económico. . Estas actitudes se asemejan a las de “los fondos buitre”. Son igual de
especuladores, aunque a menor escala, aprovechándose de personas sin recursos y
muy vulnerables.
El problema de la vivienda en España es principalmente una
combinación de precios elevados, poca
oferta en las zonas con mayor demanda, alquileres escasos y elevados y
dificultades de acceso para jóvenes y hogares con ingresos medios o bajos
Principales
causas:
-Oferta insuficiente donde más se
necesita. En grandes
ciudades y zonas turísticas la demanda de vivienda ha crecido más rápido que la
construcción de nuevas viviendas.
-Alquileres elevados. En muchas áreas urbanas, el coste
del alquiler ha aumentado considerablemente respecto a los ingresos de los inquilinos.
-Compra cada vez más prohibitiva. Los precios de la vivienda, junto
con los requisitos de financiación y los tipos de interés, dificultan que
muchos jóvenes puedan comprar.
-Escasez de vivienda pública. España tiene un parque de vivienda
social relativamente reducido en comparación con otros países europeos.
-Concentración territorial. El problema es especialmente
intenso en Madrid, Barcelona, determinadas capitales y zonas costeras y
turísticas, mientras que otras partes de España afrontan despoblación con viviendas vacías.
-Alquiler turístico y de temporada. En determinados ciudades estos
usos pueden reducir la oferta disponible para residentes permanentes, aunque su
impacto varía mucho según la localidad.
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| Manifestación por la vivienda |
