jueves, 15 de octubre de 2026

La crisis de la vivienda en las grandes ciudades españolas

 Los pisos compartidos


       La Constitución Española establece en su artículo 47 el derecho al disfrute de una vivienda digna y adecuada y a los poderes públicos la obligación de promover las condiciones necesarias para hacer efectivo este derecho. Una aspiración de buenas intenciones por parte de la Constitución pero muy lejos de alcanzar sus objetivos.

       Los animales tienen un lugar donde sentirse protegidos. Donde refugiarse en tiempo de inclemencias y descansar del ajetreo de la vida.  Nidos, guaridas, madrigueras, covachuelas… incluso las ramas de los árboles sirven para ello. Las personas teníamos que tener todos nuestras viviendas, bien propias o en alquiler, sean más pequeñas o más grandes, más sencillas o más lujosas. Cuatro paredes y un techo forman un hogar. Cobijo en el que la familia charla sin oídos inoportunos, comparte tristezas y alegrías y se lavan los trapos sucios si los hubiera.

       En mi pueblo era frecuente, en tiempos no tan lejanos, que los recién casados, a falta de vivienda, se quedaran en las de los padres de uno de los cónyuges, generalmente en los de la mujer. Una rama ganaba un hijo y otra lo perdía. Acondicionaban una habitación como su zona exclusiva. Las demás dependencias de la casa: cocina, cuarto de aseo, sala de estar, patios, corrales y pasos eran de uso compartido por todos los miembros de la familia, que podía incluir también a los abuelos. Todos, aun no queriendo, estaban al tanto de las peripecias y horarios de los demás.

       La convivencia es complicada y exige renuncias y adaptaciones. La zona exclusiva de cada morador se reduce a unos metros cuadrados. Tienen que regularse el uso de los servicios, los gastos comunes, las visitas de amigos y familiares… Y lidiar con el carácter de cada uno. En suma, se pierde libertad y aumentan las molestias.

       Ahora los pueblos pequeños están perdiendo moradores, solamente vive gente mayor, hay una tendencia de los jóvenes en vivir en las grandes ciudades, los jóvenes salen fuera a estudiar o trabajar, lo que trae consigo una fuerte demanda de viviendas, lo que las encarece en exceso para la mayoría, dificulta o imposibilita las opciones de adquirirlas o arrendarlas. Hay residencias de estudiantes a más de mil euros por mes para los que pueden pagarlas. Pero el grueso del pelotón tiene que compartir piso con compañeros, unas veces conocidos o desconocidos, como antes se hacía con suegros y parentela anexa. Ninguna de las dos opciones es deseable.

       Citaremos el desahucio que ha acontecido recientemente, con unas peculiaridades especiales y que ha conmocionado a esta sociedad, a veces fría ante los problemas del prójimo, así como a algunos políticos y medios de comunicación, Durante este pasado mes de septiembre es sacada de su casa a una señora de 87 años, que vivía en Madrid en un piso arrendado en contrato antiguo. Ese piso lo adquieren esas sociedades inversoras en la construcción, llamadas “fondos buitres”, conocedoras de los fallos de nuestra administración y con un buen plantel de abogados que consiguen echar a la calle a dicha señora, sin recursos económicos ni sitio donde ir, al no poder afrontar el excesivo aumento de las mensualidades de su renta. Al desahuciarla es sacada de su casa en camilla para ingresarla en un hospital donde a los 15 días fallece. Esta anciana fallecida se ha convertido últimamente en un icono o símbolo de los movimientos de protesta ante  dicha crisis.

        Creo que las autoridades deben poner freno a estas sociedades especuladores de la construcción. Igualmente controlar un poco la subida en la adquisición de pisos nuevos en las grandes ciudades, con precios prohibitivos para los que más lo necesitan que son los jóvenes. 

       Otro fenómeno muy común en estos tiempos de crisis de la vivienda y que afecta principalmente a las personas más vulnerables económicamente son los pisos compartidos, que en otra época se llamaban “con derecho a cocina” al ser esto común para las familias que compartían dicho piso. Ahora está muy de moda  el alquiler un piso por habitaciones, incluso los arrendadores propietarios dividen el salón en dos partes para así obtener más rendimiento económico. . Estas actitudes se asemejan a las de “los fondos buitre”. Son igual de especuladores, aunque a menor escala, aprovechándose de personas sin recursos y muy vulnerables.

       El problema de la vivienda en España es principalmente una combinación de precios elevados, poca oferta en las zonas con mayor demanda, alquileres escasos y elevados y dificultades de acceso para jóvenes y hogares con ingresos medios o bajos

       Principales causas:

-Oferta insuficiente donde más se necesita. En grandes ciudades y zonas turísticas la demanda de vivienda ha crecido más rápido que la construcción de nuevas viviendas.

-Alquileres elevados. En muchas áreas urbanas, el coste del alquiler ha aumentado considerablemente respecto a los ingresos de los inquilinos.

-Compra cada vez más prohibitiva. Los precios de la vivienda, junto con los requisitos de financiación y los tipos de interés, dificultan que muchos jóvenes puedan comprar.

-Escasez de vivienda pública. España tiene un parque de vivienda social relativamente reducido en comparación con otros países europeos.

-Concentración territorial. El problema es especialmente intenso en Madrid, Barcelona, determinadas capitales y zonas costeras y turísticas, mientras que otras partes de España afrontan despoblación con viviendas vacías.

-Alquiler turístico y de temporada. En determinados ciudades estos usos pueden reducir la oferta disponible para residentes permanentes, aunque su impacto varía mucho según la localidad.


 

Manifestación por la vivienda