Hace algunos días el Mundo ha contemplado una guerra abierta de agresión desencadenada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu a Irán. A pesar de que el día anterior al primer ataque, iraníes y estadounidenses todavía negociaban en Ginebra un acuerdo que evitara la guerra, lo que nos hace pensar que Trump, antes de dichas conversaciones, ya tenía decidida tal invasión
Resulta
capcioso y retorcido confundir la condena de esta acción unilateral y contraria
al derecho internacional con cualquier tipo de respaldo al siniestro régimen “ayatolá”
iraní que ha asfixiado a su población durante medio siglo y ha exportado el
terrorismo. El régimen de estos líderes religiosos representa todo lo
contrario de un modelo de libertades y derechos, pero su caída no debe llevarse
a cabo con misiles a discreción con el consiguiente exterminio de inocentes
ciudadanos, así como el riesgo real de un estallido bélico, a gran escala, en
Oriente Próximo y una desestabilización de la economía mundial.
Es
paradójico que EEUU ataque a Venezuela e Irán por tener gobiernos tiranos y
pocos democráticos y no lo haga con otros países igual de tiranos que hay en el
resto del Mundo, pongamos por ejemplo Nicaragua, claro que este país carece de
petróleo y es un país pobre. Es una casualidad que invada solamente países
ricos en petróleo y ricos en minerales. Tiene en proyecto invadir Groenlandia,
rica en minerales, a pesar de pertenecer al reino de Dinamarca, y lo conseguirá
dado que Europa mira hacia otro lado ante tales atropellos.
Las guerras no
solo atentan contra la vida, también dejan profundas cicatrices que generan
odio que perdura por muchos años. Sirva de ejemplo nuestra guerra civil entre
españoles, que a pesar de haber transcurrido
ya 90 años de ella, aún se respira odio político entre la izquierda y la
derecha, como podemos palparlo en el Congreso de Diputados y el Senado. Otras
consecuencias de las guerras: arrasan
los bosques y los campos de cultivo. degradan los suelos y envenenan las
reservas de agua, destruyen ecosistemas, aceleran la crisis climática y la
población más vulnerable es la que paga el precio más alto
El asesinato del ayatalá Jamenei no ha traído un derrumbe esperado del régimen. Prácticamente, durante cada día de
estas semanas, Trump ha ido anunciando una visión cambiante para el país; desde
un levantamiento popular a la negociación con algunos de los todavía
gobernantes iraníes para una transición o una continuidad, pasando por la
rendición total. El sábado de la semana pasada amenazó con la “destrucción
total”. Si hay un plan, no se comprende estos cambios. Hay otro móvil
apreciable en esta invasión que es la ostentación de superioridad militar de
Estados Unidos y la fascinación que esta produce en la Casa Blanca. Mientras,
el número de muertos aumenta cada día que pasa.
Trump
y Netanyahu están tratando de cambiar el mapa de Oriente Próximo, de acuerdo
con la visión del primer ministro israelí, con una violenta maniobra que tendrá
graves consecuencias en el largo plazo y cuyos primeros efectos ya empiezan a
sentirse en todo el planeta. Los únicos ganadores claros hasta el momento son
Netanyahu y sus halcones del Gobierno más ultraderechista de la historia de
Israel, responsables directos de la muerte de más 72.000 civiles palestinos y
la destrucción de la Franja de Gaza, de la anexión ilegal de Cisjordania y de haber extendido la guerra a
Líbano. Llevan años insistiendo en el ataque militar contra Irán porque atisban
la oportunidad histórica de que Israel quede como la gran potencia regional en
medio de una región fragmentada.
Esta guerra afecta más a Europa
de lo que nos pensamos y los impulsores de ella no cuentan con Europa para
llevarla a cabo, pero ahora sí piden ayuda salpicándonos en ella.
En términos de derecho internacional,
el ataque de EE.UU. e Israel contra Irán no tiene cobertura legal según
la mayoría de expertos, gobiernos europeos y organismos internacionales. La
acción se considera un uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad
de la ONU y sin un caso claro de legítima defensa, lo que la convierte en una
violación de la legalidad internacional.
Parece incongruente, por otra parte irrisorio, que un personaje como Trumn, con unas actitudes bélicas descritas anteriormente pueda aspirar al premio Nobel de la Paz ¿Es que la "ley del más fuerte y poderoso" puede influir en la valoración del comité noruego en su concesión?
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