1.-
El Pregonero:
 |
Bovina del pregonero |
El pregonero era otra de las profesiones más populares
en los pueblos de España. Su origen se
remonta a tiempos del Imperio Romano, y durante siglos fue el medio de
comunicación y publicidad más eficiente. Llegaba con su corneta a las distintas
partes del pueblo, que previamente le había señalado el Ayuntamiento, y allí
después del previo toque de corneta, anunciaba avisos municipales u otros
eventos. Se me pasa por la cabeza algunos eventos muy peculiares y por curiosos
merece la pena recordarles: Se hace saber que: ¡Esta tarde a las 9 horas
(oficiales no solares) habrá cine en el salón del Sr. Tirso y se pondrá la
película “ ………………..” con un bonito NO-DO de toros! Otros anunciaban la pérdida
de alguna herramienta útil del campo, el extravío de alguna manta o prenda de
vestido, la presencia en el Ayuntamiento del recaudador de la Contribución, el
corte de agua del canal de riego etc; pero había uno muy peculiar y simpático
que no se me olvida y decía: ¡Se hace saber la presencia en el pueblo del
capador de cerdos de Bercero, el que necesite sus servicios se ruega pase por
la plaza del Ayuntamiento!
¿Quien, de los que hace ya tiempo realizamos la primera
comunión, no recuerda algún pregonero/a de San Román?: La Sra. Trini (viuda) y
algunas veces sustituida por su hermano el Sr. Ausencio (ya mencionado en otro
artículo de este blog) y como no recordar al último pregonero Sr. Auteliano,
(“Aute”) personaje muy carismático, simpático y popular de San Román.
He de hacer constar que en la actualidad, sustituyendo
al personaje del pregonero, desde el Ayuntamiento se emiten avisos por
megafonía mediante altavoces situados en la torre de la Iglesia. La alguacila, aprovechando
las nuevas tecnologías de audio, creo que en mensaje previamente
gravado, anuncia o avisa también de eventos; la corneta es sustituida por un
pasodoble previo, dada nuestra afición taurina, pero in situ, sin el recorrido
callejero y entrañable que realizaban los anteriores pregoneros.
2._ El Herrero:
El oficio de herrero era el de un artesano
que debía unir la fuerza, el ingenio y la destreza para dar, a golpe de
martillo
 |
El herrero |
sobre un yunque, la forma deseada y el temple adecuado a las piezas
que se forjaban en su fragua. En aquellos años era la experiencia y la
habilidad propias las que determinaban la calidad de su trabajo. El mundo rural
necesitaba antes al herrero para aguzar las herramientas especialmente las
rejas del arado; también asumía las funciones propias de cerrajero, viéndose
comprometido a hacer cerraduras, llaves, bisagras y pequeños herrajes en los
que predominaba el trabajo de ajustado con la lima. Colaboraba con el carretero
en la construcción de los carros.
La fragua era también un lugar de tertulia
para hombres. Tenía cierta semejanza con la taberna o la barbería, locales en
los que se daba rienda suelta a las opiniones, críticas y bromas. El hecho de
estar permanentemente abierta la convertía en lugar de encuentro de los
labradores. Había un refrán que reflejaba bien este encuentro: “Con nieve o agua taberna o fragua”
Para los niños, la fragua era un lugar
misterioso que ejercía una atracción no exenta de peligro. Nos asombraba ver el
hierro candente, admirábamos las habilidades del Sr. Tasio, con mandil de
cuero, envuelto entre chispas que saltaban de su yunque y nos fascinaba hacer
funcionar el inmenso fuelle para conseguir reavivar las llamas de la fragua.
Con el tiempo llegó la mecanización del
campo y los adelantos modernos. En pocos años las yuntas de animales fueron
sustituidos por tractores. Los antiguos carros por remolques. Los arados
romanos por los nuevos artilugios de varias vertederas. En los hogares dejaron
de necesitarse trébedes y útiles semejantes. Los enrejados para las ventanas se
hacían en talleres especializados. El Sr. Tasio no cambió la forja por la reparación de maquinaria agrícola y tuvo que cerrar la fragua años antes de su jubilación.
En San Román conocí dos fraguas la del Sr.
Tasio y la del Sr. Manolo. Esta última a su jubilación tuvo continuidad con su
sobrino Arcadio que había nacido en Torrelobatón. A ambos herreros no se les
nombraba por su nombre y apellidos, ejemplo Tasio García, sólo añadíamos a su
nombre la palabra herrero, así: Tasio “el herrero”, Arcadio “el herrero”, tal
vez porque esta profesión imprimía aparte de chispas mucho carisma. La fragua
del Sr. Arcadio ha tenido continuidad por la buena transformación o cambio de
la forja a la reparación de maquinaria agrícola, regentada en la actualidad por
su hijo político.
Recordamos la personalidad del Sr. Tasio,
sólo serio en su trabajo relacionado con su fragua. Personaje muy carismático
en San Román, especialmente en la época que se celebraban los carnavales; cada
día de éstos encarnaba un personaje distinto, que con buen humor causaba
admiración a sus convecinos en dichas celebraciones.
3._ EL Carretero:
El de Carretero, era un oficio que el Diccionario lo
define como “Constructor de carros y carretas”. Este trabajaba la madera, y
para fabricar un carro, necesitaba la estrecha colaboración del herrero, pues
necesitaba de él todos los elementos metálicos
 |
Herramientas del carretero |
que el carro llevaba, como eran
las llantas metálicas de las ruedas y el resto de herrajes para hacer más
sólida su construcción. Cuando era necesario poner las llantas a las ruedas, se
unían ambos, carretero y herrero, y con la ayuda de sus oficiales
(porque era una operación trabajosa y arriesgada), hacían una gran hoguera para
calentar la llanta hasta que se ponía casi incandescente y así se conseguía su
dilatación para acoplarla más fácilmente a la rueda. Una vez colocada la
llanta, para conseguir su rápido enfriamiento, se le echaba agua en abundancia,
así no se quemaba la madera y la unión quedaba sólida, y se terminaba la
operación colocando los pasadores entre hierro y madera. De esta manera
concluía la fabricación del carro.
Este oficio de carretero, al aparecer los
remolques (que primero se hicieron para mulas y luego para tractores), le fue
dando paso al taller de carpintería metálica, por lo que, igual que ocurrió con
el herrero, desapareció en pocos años.
Los
últimos carreteros que hubo en San Román: Justino Gil (trasladó su actividad a
la ciudad de Toro), Melquiades Bajón y Ángel Bajón fueron convirtiendo sus
talleres de carros y demás aperos en carpintería metálica.
4._ El barbero:
Recuerdo que en nuestro pueblo existían al
menos 3 barberos y se dedicaban a este oficio complementándolo con las faenas del
campo; podíamos decir que no eran profesionales, casi siempre
 |
Utensilios del barbero |
eran barberos
porque también lo habían sido sus padres. Arreglaban el pelo e iban por las
casas una o dos veces por semana para afeitar a sus clientes. Ahora las
generaciones actuales manejan para su afeitado maquinillas y cuchillas con grandes prestaciones y con una
seguridad que evita accidentes en cortes. En los pueblos pequeños, como el
nuestro, ha desaparecido dicha profesión y el corte de pelo se realiza en las
poblaciones grandes donde si hay peluqueros profesionales que a veces se dejan
llamar “estilistas”.
Los tres últimos barberos del pueblo eran
estos: el Sr. Pablo, el Sr. Mariano y el Sr. Eustasio, siempre acompañado de ese apellido profesional. "el barbero". Al Sr. Eustasio le
apodaban “Patena”, tal vez fuese por la pulcritud y limpieza que manifestaba en
los afeitados.
5._ EL Carbonero (Cisquero):
Eran muchas familias que en San Román de
noviembre a marzo se dedicaban al oficio de hacer carbón vegetal que en nuestro
pueblo se llamaba “cisco”. Era un recurso más de supervivencia. Los cisqueros
compraban encinas y las ramas de
 |
El carbonero o cisquero |
la poda de estas en el monte próximo de
Cubillas, donde se quemaban haciendo grandes cumbres formando los hornos que
llamaban “cisqueras” Para evitar la total combustión empleaban a veces agua y
tierra que luego cribaban antes de envasarlo en sacos. Los sacos con cisco los
vendían en Toro, como combustible que se empleaba en los braseros.
Los tiempos cambian y han surgido otros
combustibles, más limpios y al alcance de todos, como la electricidad, el
gasóleo, el gas y sus derivados etc., que han traído la decadencia del carbón
vegetal. ¡Ah! En Toro han dejado de llamarnos el pueblo de los “cisqueros”.
6._ El
sastre:
Dentro de los oficios artesanales, el de sastre era
quizás el más reconocido socialmente y el que implicaba de forma directa a casi
todos los miembros de la familia. La especialización que
 |
Material de una sastrería |
requería hacía
necesaria, además, la presencia de aprendices, casi siempre mujeres, El taller,
ubicado por lo general en una dependencia de la misma casa, acentuaba aún más
el sentido fraternal de una relación de trabajo, presidida por la confianza.
Las prendas demandadas eran, sobre todo, abrigos,
chalecos, chaquetas y pantalones. Las telas más comunes, el paño, la pana y el
dril. Con la estandarización en el vestir y la mejora de la ropa confeccionada
y al alcance de todos los bolsillos, el oficio de sastre casi ha desaparecido
en nuestros días, ya que sobreviven muy pocos talleres localizados sólo en
grandes poblaciones.
Hemos de recordar a dos sastrerías que funcionaban en San
Román, la de Gustavo Muñoz y la de su hermano Chencho Muñoz. Recuerdo que era
costumbre, todos los años, en las fiestas patronales estrenar traje, siempre
confeccionado por alguno de estos dos artesanos.
7._ El pescador de río
San Román, como pueblo próximo al río Duero y bañado en
su proximidad por el río Hornija, ha habido
personas que hacían
 |
Barbos de río |
de su profesión la acción de pescar peces en el río, oficio
que aprovechaba los recursos alimenticios que la fauna fluvial contenía: barbos carpas, boas, cangrejos etc.
Hoy, desgraciadamente, el mal trato que el hombre
ha dado a este medio ha traído consigo la desaparición de esta actividad y todo
lo que conllevaba dicho oficio. Las aguas del 90 % de los ríos españoles están
contaminadas y los peces no aptos para la alimentación humana.
 |
Barcas de pescadores |
Los pescadores poseían una barca, que se movida por la acción de un varal que picaba en
el fondo, y la debida autorización para la pesca con red. Los peces eran antes
muy apreciados y sabrosos y los pescadores los vendían por las casas del pueblo
o pueblos próximos, llevándolos en grandes cestas.
Hemos de recordar la familia de “Los
Valerios” dedicada generacionalmente a este oficio de la pesca, su último representante
fue el Sr. Tasio “Valerio”. Otro pescador del que tenemos constancia se llamaba
el Sr. Bertilio.
8._ El
segador:
 |
El segador |
Allá por finales de julio, los trigos y las
cebadas ya estaban en sazón y suficientemente dorados y secos sus granos, era
hora de recolectar esa cosecha, buena o mala según los años. La primera fase de
esta recolección era la acción de la siega y la realizaban unos hombres
entregados a ese trabajo de extrema dureza, que se les llamaba segadores. Comenzaban
su tarea muy pronto, antes de que
saliera el sol y cantaran los pájaros. Como todos los trabajos del campo, segar
precisaba habilidad y no todos valían.
Su única herramienta era la hoz en buenas
condiciones de filo y por seguridad en la mano izquierda llevaban unos dediles,
no en todos los dedos, con el fin de protegerse
éstos de la proximidad de la hoz que manejaba la otra mano. Los dediles
eran casi siempre de cuero duro y solían estar atados a la muñeca. Al estar
tantos días metidos en aquellos receptáculos, los dedos se volvían tan blancos
que parecían de otra mano.
Solían ir en cuadrillas que ajustaban la
siega a los labradores a un precio estimado y acordado por fanega, con la una
condición de que la comida cocinada y el
vino corriera a cuenta del propietario de la mies. Segaban de sol a sol protegiéndose
de éste por anchos sombreros. Paraban a
comer y a veces por falta de árboles, que proyectaran sombra, se protegían del
sol con las albardas de sus burros. Cuando su herramienta no cortaba lo
suficiente, el calor y cansancio del segador se hacía irresistible, paraban en
el “hato” para afilar la hoz y beber un trago de vino con que mitigar el calor
y recuperar fuerzas para terminar la jornada.
Hemos de recordar, en todas las cuadrillas
de segadores, la presencia de un personaje infantil de 9 ó 10 años que recibía
el nombre de “rapaz”. El rapaz realizaba tareas de colaboración con la
cuadrilla y estaba siempre atento a lo que aquellos le encomendaban: ir a por
la bebida, acercarse, a mediodía al pueblo, a por una olla que contenía el cocido,
que había preparado la esposa del dueño de la siega. También el rapaz poseía un
palo, a modo de cuerno, que le ayudaba a coger brazados de mies para componer
las “morenas”. Esta acción se llamaba atropar. El rapaz se olvidaba de los
juegos propios de su edad para convertirse en aprendiz de futuro segador y, con
ese esfuerzo tan precoz, colaboraba a sustentar la economía de su familia.
La palabra “morena” a gente ajena a nuestro
pueblo puede que le suene a chino. Se trataba de que en nuestro pueblo,
singular en la comarca, no ataba haces de mies y por lo tanto dicha mies la
colocaba en gavillas formando “morenas”. La buena colocación de esas gavillas formando morenas
protegía la mies ante tormentas, vientos etc.
Llegaron nuevos tiempos que terminaron con
la siega a hoz y los esforzados segadores. Apareció, sobre los años 50, una
 |
Máquina agavilladora |
máquina llamada agavilladora, que movida por tracción animal y mediante un
corte móvil de cuchillas y rastros segaba depositando la mies, a voluntad del
operario, en “maraños”. Años más tarde surgió la actual máquina “cosechadora,
que con un mecanismo sofisticado se olvidaba de “morenas”, “maraños”, trillos,
aventadoras etc. Consiguiendo, al mismo tiempo, segar, trillar y aventar,
llevándose en el día el grano para casa.
Desde aquí honramos la memoria de aquellos
esforzados segadores y rapaces que hubo en San Román de Hornija.