Las raíces marcan nuestra identidad
Los que tenemos
pueblo nos gusta volver al lugar donde nacimos para reencontrarnos con nuestro
pasado, así como recordar cuáles fueron nuestros orígenes, evocar sobre aquel
entorno las vivencias con nuestros padres ya fallecidos, dentro de aquella vida
sencilla que tuvieron pero llena de aquellas dificultades propias de las
carencias de aquella época, alternando con aquellos momentos de felicidad que siempre anhela el ser humano.
Todos los que como
yo somos de pueblo, no acabamos
de acostumbrarnos a las prisas, a
los ruidos de coches, al humo de la ciudad y estamos deseando que
lleguen las vacaciones para poder respirar y volver a reencontrarnos con la
niñez, amigos, etc. En su día, nos
marchamos del pueblo por un afán
de superación, por no pasar las calamidades de nuestros padres,
todo el día en el campo a la intemperie, con calor en verano y frío en
invierno y ahora sin embargo, he ahí la paradoja, añoramos el volver a él.
Siempre recordamos
aquellas vivencias tan bonitas de nuestra niñez: de los pantalones cortos en
invierno, el pisar charcos, cazar pájaros con tirador, ir a nidos, ir a
piñones, explorar aquellos sifones que unían acequias de aquellos inicios de la
construcción del canal. En una palabra, jugábamos mucho más que los niños
actuales de las ciudades. Parábamos poco en casa. Al salir de la escuela, por
la tarde, cogíamos la merienda y no volvíamos a casa hasta el anochecer,
gozábamos de los juegos y de todo lo que la naturaleza local nos aportaba. No
disfrutábamos de los excesivos juguetes que el niño actual posee, pero con mucha
imaginación nos fabricábamos los nuestros con el material que encontrábamos a
nuestro alcance, de una simple caja de zapatos nos fabricábamos un camión,
desarrollando hábitos de creatividad. El niño actual no goza de aquella libertad
de los juegos al aire libre que teníamos antes, juega en casa solo con los
juegos que le proporciona: el ordenador, la videoconsola, móvil etc.
olvidándose del principal sentido del juego que es la participación en equipo
con los demás. El juego es muy importante para el niño ya que a través del juego aprende a ser mayor respetando unas
normas previamente establecidas. Por el juego aprende a ser ganador y también
perdedor. Antes, los
juegos implicaban correr, saltar,
trepar, usar el cuerpo constantemente, sin embargo, ahora muchos juegos
son sedentarios, virtuales
siempre mirando a pantallas.
En resumen, los
juegos de antes fomentaban la actividad
física, desarrollaban habilidades sociales directas: negociar, cooperar,
esperar turnos, así como estimulaban la imaginación
sin depender de pantallas y favorecían el juego libre y espontáneo.
Me gusta caminar por las calles de mi pueblo, ya que en ellas encuentro, a través de las fachadas de las casas, los recuerdos de personas que conocí y habitaron en ellas, algunas veces derruidas o en mal estado, pero que dejan huella de sus antiguos moradores. El ser humano cuando muere no se lleva todo con él, queda para los que le conocimos aparte de su descendencia, el recuerdo de sus virtudes y defectos. Algunos antepasados, especialmente los que regentaban profesiones artesanales se les nombraba no solo por su nombre, así: Tasio “El herrero”, Arcadio “el herrero”, Aquiles “el zapatero”, Chencho “el sastre”, Trini “la pregonera” etc. Creo que era más carismático el nombrarlos así, antes que unir su apellido al nombre.
Volviendo a mis paseos por las calles del pueblo, llego a la altura de la plaza y recuerdo que en sus proximidades vivía un personaje muy peculiar y carismático al que llamábamos Sr. Saturnino. Su vivienda y fachada ha quedado eliminada por la construcción en el mismo sitio un bar, llamado ahora "Bar Ucrania", sin embargo, los recuerdos de este personaje permanecen en nuestra mente imborrables. Hombre soltero gran comunicador y con un gran poder de persuasión entre los jóvenes de aquella posguerra. Su casa siempre estaba abierta a todos, comentando anécdotas del pueblo, y hasta llegar a formar una compañía de comedias dirigida por él. Repasando las hemerotecas encuentro una noticia de aquella época, que hace alusión a dicha compañía y a su director Sr. Saturnino, que tengo a bien transcribir a continuación. Se trata de la representación de una obra por los pueblos próximos, lo que me hace pensar que aquella casa que se abría a los jóvenes, también era un centro cultural del pueblo en esa época.
HEMEROTECAS:
La mañana –LA PROVINCIA – Zamora
Publicado: 20 de Enero de 1933
Grupo de aficionados al Teatro de San Román de la Hornija actúan en Coreses (Zamora)
El día 15 del corriente en un salón de esta localidad, se celebró una velada teatral a la nueve de la noche, a cargo de aficionados jóvenes de San Román de la Hornija, estrenándose la obra dramática de D. José Echegaray titulada: “En el puño de las espadas”. Todos los nóveles artistas estuvieron a la altura de sus papeles, obteniendo grandes aplausos durante la representación de todos los actos.
Sobresalieron en la representación de esta obra, los jóvenes de San Román: Luis Gudiña y Dionisio Miguel, todos los demás bien, y la simpática y bella señorita Ramoncita Gil estuvo soberbia en toda la obra, mereciendo grandes aplausos, y las otras chicas estuvieron bien. Estando la dirección artística y la apuntación a cargo del gran aficionado de San Román, Don Saturnino Fernández García.
Demos la más cordial enhorabuena a dicho señor por la labor que está desarrollando en San Román de la Hornija en pro del fomento del arte dramático nacional en este pueblo.