El trato sanitario a las personas mayores en España es, a la vez, un logro social y un reto creciente. España es uno de los países más longevos del mundo, con más del 20% de la población por encima de los 65 años. Esta realidad ha impulsado un sistema sanitario que, aunque universal y con profesionales altamente cualificados, se enfrenta a tensiones estructurales, desigualdades territoriales y nuevas necesidades derivadas del envejecimiento. Hemos de reconocer el avance que ha sufrido España en los últimos 50 años, basta comparar la atención médica que recibieron nuestros abuelos y la que recibimos actualmente los que ahora somos también abuelos, pero aún nos quedan grandes retos que superar.
Estas mejoras se manifiestan en un sistema
sanitario más universal que garantiza atención sanitaria independientemente de
la renta de cada uno. Profesionales con alta formación, especialmente en
atención primaria y geriatría. Programas de prevención y seguimiento: ejemplo
la vacunación contra la gripe, control de enfermedades crónicas, etc.
Estos elementos han contribuido a que la
esperanza de vida supere los 83 años y a que la calidad de vida en edades
avanzadas sea relativamente alta. No obstante, a pesar de los avances
señalados, el sistema sanitario afronta tensiones que afectan directamente al
trato sanitario a los mayores y pueden ser las siguientes:
Sobrecarga de la atención primaria. La atención primaria es la puerta de entrada al sistema y el espacio donde
se gestionan la mayoría de enfermedades crónicas. Sin embargo, sufre falta de
profesionales y como consecuencia listas de espera prolongadas y menor tiempo
por paciente. Esto dificulta una atención personalizada, es decir un
seguimiento clave en personas mayores con múltiples patologías.
Desigualdades territoriales: No es lo mismo envejecer en Madrid que en zonas rurales de Castilla y León
o Galicia. La dispersión poblacional y la falta de recursos generan brechas en
el acceso a especialistas, servicios domiciliarios y transporte sanitario.
Brecha digital sanitaria: La digitalización ha mejorado la eficiencia, pero también ha dejado atrás a
muchos mayores, ante las citas online, historia clínica digital, telemedicina. Sin
acompañamiento y asesoramiento, estas herramientas, a veces, pueden convertirse
en barreras para los mayores.
Protección y ayuda a la sanidad privada: excesiva protección de determinados
políticos a la sanidad privada en detrimento de la sanidad pública
No podemos callarnos ni olvidar
la mancha negra sanitaria que ocurrió en las residencias de mayores en tiempos
de aquella “pandemia” que sufrimos en
España, aquellas tristes historias de mortalidades de ancianos en residencias.
Todo esto no habría ocurrido si no se estuviera abriendo paso la idea de que se
pueden sacrificar unas vidas en beneficio de otras. Es lo que el Papa Francisco
definió como "cultura del
descarte", que priva a los ancianos del derecho a ser considerados
personas y los relega a ser solo un número y, en algunos casos, ni siquiera
eso.
Aceptar que los mayores no tienen
el mismo valor significa romper la trama social de la solidaridad entre
generaciones y desmembrar toda la sociedad. No podemos dejar morir a la
generación que luchó contra las dictaduras, que trabajó por la reconstrucción después
de la guerra y que edificó Europa. Aceptar la muerte "anticipada" de
los ancianos a causa de una mentalidad utilitarista es una hipoteca para el
futuro, pues divide la sociedad en clases de edades e introduce el peligroso
principio de que no son iguales. Creemos culpables de esta anomalía sanitaria,
en aquellos tiempos de “pandemia”, a la negligencia y desinterés por los
mayores de determinados políticos en algunas regiones del país.
El trato sanitario a los mayores en España, por lo general, es un reflejo de nuestra madurez social. Hemos construido un sistema que protege, acompaña y cuida, pero que necesita adaptarse a un país que envejece rápidamente. La clave está en poner a la persona en el centro, reforzar la atención primaria y garantizar que la tecnología y la organización del sistema no se conviertan en barreras, sino en herramientas para el buen trato sanitario a los mayores.

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