domingo, 8 de febrero de 2015

Canciones de otra época


Canciones de nuestros mayores


    Cuando el ser humano quiere transmitir un mensaje o trata de expresar sus sentimientos, de acuerdo con un tono musical definido, decimos que está cantando. Sin importar nuestra entonación todos tenemos la habilidad de cantar, es un deseo que habita en el alma humana y en el espíritu de cada persona; sin embargo, no todos lo hacemos siguiendo un patrón musical definido o de una forma más o menos armoniosa.

    Hoy trato de resucitar aquellas canciones antiguas que algunas oía por boca de mi difunta madre. Creo que encierran un gran valor y trato de recopilarlas para que no se pierdan. Desconozco, al no existir la radio por esa época, como pudieron llegar estas canciones al pueblo de San Román. Me hace pensar que dicha transmisión se realizaría por algún juglar que acudiera al pueblo. Invito a que me mandéis más canciones, nanas, retahílas etc. de vuestras madres y abuelas y así,  guardando el mayor número posible en este blog, evitamos su desaparición y olvido.


EL MUÑEQUITO:

Un muñequito quise comprarme,
muy caprichosa me fui a un bazar
y un guapo mozo al despacharme
¿Qué va señora a querer comprar?


Comprar quisiera un muñequito,
un muñequito para jugar.
Y yo Señora ¿Le serviría?
¡Jesús que cosas hay que escuchar!


Sus ojitos se cerraban
y sus labios sonreían,
manos que me acariciaban,
su boquita que no hablaba,
parece que me decía:

¿De qué te asombras mujer?
Si es que tienes tú razón.
Es que no acabas de ver,
que en brazos de una mujer,
los hombres muñecos son.



EL LEÑADOR:

Estando un día en el monte
cortando leña pude observar
que un cazador desde lejos
me hacía señas con mucho afán.

Yo seguí cortando leña
y él, atrevido, se acercó a mí.
Me agarra de la toquilla
Y sonriendo me dijo así:

No cortés más leña,
linda leñadora,
que tú podrás ser
una gran señora.

Desprecia esta triste vida
porque no ganas para comer,
a mi lado comerás los ricos manjares
que pueda haber.

Preciado de tu belleza
toda la vida estaría yo,
¡Oh! Que dichosa sería,
Si tú me amaras de corazón.

Desde el momento en que te conocí,
tengo el pensamiento puesto en ti,
yo te quiero a ti aunque seas pobre,
como si tú fueras la hija de un conde.

También gastarás reloj de pulsera
y todas las tardes irás a la verbena.
Cásate conmigo, cásate conmigo
y no cortarás más leña de este monte.



LA PANDERETA:

Desde que veo los mozos
no me dejan de mirar,
ojos de granja tienen
pero no me han de pescar.

Si quieres tocarla, se la dejaré
pero con cuidado, no la rompa usted,
que mi pandereta es tan especial
que cuando la tocas se vuelve cristal.


LOS AMORES DEL MAÑICO:

Un baturro de una maña se prendó,
y desde aquellos momentos se querían con pasión.
El baturro le decía lleno de felicidad:
—Purita como la Virgen al altar te he de llevar—.

Ya pasaron varios días, llegó la casualidad;
que un rico a la maña fue y la pretendió.
Pero ella le ha dicho, le ha dicho que no:
—De ti tengo que vengarme, me cueste lo que me cueste,
y tú me vendrás a buscar, el dinero es el que vence—.

Los amigos del mañico no lo podían convencer
que se viera cara a cara delante del ricachón,

Una noche silenciosa vino la fatalidad,
el pobre le dijo al rico:  —Ya te puedes preparar,
es la tuya o es la mía, uno tiene que acabar—.

Y los dos lucharon y el rico murió
de una puñalada que el maño le dio.

—Adiós, mañica del alma;
 a la cárcel voy por ti,
adiós mañica del alma,
algún día volveré,
y sí es verdad que me quieres,
contigo me casaré—.


(Recuerdo, que mi abuelo Leopoldo me cantaba algunas veces esta canción)


Divino Antonio precioso,
suplícale al Dios inmenso,
que por su Gracia divina,
alumbre mi entendimiento.
Para que mi lengua,
refiera el milagro,
que en el huerto obraste,
de edad de ocho años.

Desde niño fue criado
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado,
y del mundo admiración.
Fue caritativo y perseguidor,
de todo enemigo, con mucho rigor.

Su padre era un caballero,
cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa
con el sudor de su frente.
Y tenía un huerto en donde cogía
cosecha y su fruto que el tiempo traía.

Por la mañana un domingo,
como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a Misa,
cosa que nunca olvidaba.
Y le dijo:"
Antonio,
ven aquí, hijo amado,
escucha que tengo
que darte un recado."


"Mientras que yo estoy en Misa,
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder.
Entran en el huerto,
comen el sembrado,
por eso te digo
que tengas cuidado."


Cuando se ausentó su padre,
a la Iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando,
y a los pájaros llamó:
"¡Venid pajaritos,
dejad el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado!

Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación,
voy a encerraros a todos,
dentro de esta habitación."

A los pajaritos entrar les mandaba,
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.

Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó,
porque todos acudieron
como Antonio les mandó.
Lleno de alegría San Antonio estaba,
y los pajaritos alegres cantaban.

Al venir su padre luego,
les mandó a todos callar,
llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:
"¿Dime hijo amado, qué tal Antoñito,
has cuidado bien de los pajaritos?"


El niño le contestó:
"Padre, no tengas cuidado,
que para que no hagan mal,
todos los tengo encerrados."

El padre que vio milagro tan grande,
al señor Obispo trató de avisarle.

Acudió el señor Obispo
con gran acompañamiento,
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.
Abrieron ventanas, puertas a la par,
por ver si las aves se quieren marchar.

Antonio les dijo a todos:
"Señores, nadie se alarme,
los pájaros no se marchan
hasta que yo se lo mande."

Se puso en la puerta y les dijo así:
"¡Vaya, pajaritos, ya podéis salir!

Salgan cigüeñas por orden,
águilas, grullas y garzas,
gavilanes y avutardas,
lechuzas, mochuelos, grajas.
Salgan las urracas, tórtolas, perdices,
palomas, gorriones, y las codornices.

Salga el cuco y el milano,
burlapastor y andarríos,
canarios y ruiseñores,
tordos, jilgueros y mirlos.
Salgan verderones y las cardelinas,
y las cogujadas y las golondrinas.


Al instante que salieron
todas juntitas se ponen,
escuchando a San Antonio
para ver lo que dispone.
Antonio les dijo:
"No entréis en sembrados,
marchad por los montes,
por riscos y prados."


Al tiempo de alzar el vuelo,
cantan con dulce armonía,
despidiéndose de Antonio
y su dulce compañía.
El señor Obispo al ver tal milagro,
por diversas partes mandó publicarlo:

"Árbol de grandiosidades,
fuente de gran caridad,
depósito de bondades,
padre de inmensa piedad."




(En cada región española se oye un trabalenguas, nanas,  retahílas o “preferencia en juegos” distintos, trato de reflejar sólo aquellos que se oían en nuestro pueblo).

 NANAS (Canciones de Cuna)

Ron, ron,
que tu padre fue a León
a comprarte unos zapatos
de pellejo de ratón
ron, ron.



 RETAHILAS:

 -¿De dónde vienes, ganso?
-De tierra de garbanzo.
-¿Qué traes en el pico?
-Un cuchillito.
-¿Dónde lo has afilado?
-En un cantito.
-¿Dónde está el cantito?
-La tiré al agua.
-¿Dónde está el agua?
-La bebieron los bueyes.
-¿Dónde están los bueyes?
-Por leña al monte.
-¿Dónde está la leña?
-La escarbaron las gallinas.
-¿Dónde están las gallinas?
-Poniendo huevos.
-¿Dónde están los huevos?
-Los comieron los frailes.
-¿Dónde están los frailes?
-Diciendo misa.
-Corre, corre, Mariquita, que te quita la camisa.
-Corre, corre; Maricón, que te quita el camisón.

  
TRABALENGUAS:
El cielo está enladrillado
¿Quién lo desenladrillará?
El buen desenladrillador
Que lo desenladrille
Buen desenladrillador será.

 PREFERENCIA EN JUEGOS:
    (En realidad se trataba de sortear, dentro del grupo de participantes, quién, como decíamos en San Román: "velaba". En otras zonas de España se decía: quién la "ligaba" etc. Hemos de aclarar que el verbo "velar", con el significado que le dábamos en San Román, no lo contempla el Diccionario  actual de la Real Academia de la Lengua)

Din, don, bacalón,
vacas vienen de Léón,
de León a Benavente.
Que din, que don
que las once son.



Don Melitón:
Don Melitón tenía tres gatos
que los hacía bailar en un plato,
por las noches les daba turrón.
¡Que vivan los gatos de don Melitón!


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