miércoles, 18 de mayo de 2016

Los adobes en la antigua construcción



La construcción con tierra cruda


Repasando mis recuerdos, hoy trato de evocar el adobe, aquel material de construcción tan propio y genuino de tierras castellanas y muy empleado en otros tiempos en nuestro pueblo: San Román de Hornija. Era una arquitectura tan popular y tan nuestra que bien merece un rincón en este blog.
Al carecer de piedra de canteras en esta tierra -lo máximo que hay son cantos, algunos de buenas proporciones en algunos pagos de nuestro término, muy aptos para la cimentación- el adobe se convirtió en la necesaria solución para la construcción de la vivienda rural y sus dependencias: corrales, cuadras, pocilgas, pajares etc.. El adobe frágil y humilde posee algunas cualidades que no se deben despreciar y que carecen los modernos materiales.
El empleo del barro en la construcción data de tiempos prehistóricos, bien en forma de tapial o en forma de adobe. Con la llegada de los españoles a América también llevaron consigo la costumbre de construir con “tierra cruda” Sin embargo, esta técnica constructiva ya había sido empleada por lo nativos americanos desde mucho antes de la llegada de cualquier europeo. En ese sentido destacan los yacimientos arqueológicos prehispánicos de Paquimé y la cultura denominada Casa Grandes en Chihuahua (México) que utilizaban los adobes y el tapial.

El tapial y el adobe.
El tapial o tapia es un muro macizo constituido por barro apilado y prensado. Para darle la forma de muro al barro y evitar que este se desmorone, así como para facilitar el prensado, se empleaba una cajonera denominada tapial. Una vez colocado el tapial sobre el cimiento, se vertía el barro en su interior y se prensaba. Cuando estaba formado la tapia o muro se retiraba la cajonera y se dejaba secar al aire libre.

Los adobes son bloques de barro elaborados con un molde, de un tamaño un poco mayor al de un ladrillo. Para conformar muros, se apilan los adobes de la misma forma como se hace con los ladrillos y para unirlos entre si se usa arcilla o cal y arena.
El adobe tiene la ventaja sobre el tapial que, al ser más manejable, se puede manipular cómodamente en las construcciones de altura, es más fácil su utilización en el relleno de los entramados, y único para la fabricación de arcos, bóvedas, cúpulas, falsas cúpulas, etc. Yo he conocido el empleo del adobe en aquella construcción rural, sin embargo, nunca vi el empleo del tapial, aunque dan testimonio de tal construcción distintas tapias, locales y hasta viejas casas realizadas por tal procedimiento en nuestro pueblo.
La elaboración de los adobes, actividad eminentemente artesanal, se hacía después de acabar las eras y antes de que llegara el invierno, para que pudieran secarse bien. Se elegía, casi siempre, la tierra de las orillas de nuestro arroyo Hornija, aprovechando la proximidad del agua como elemento principal en su elaboración. Una vez extraída la tierra se cavaba bien y se la dejaba lo más molida posible. A continuación se recogía la tierra en un montón y se hacía un pozo en el centro donde se echaba el agua necesaria para hacer la masa. Para que ésta compactara se le ponía paja trillada, a poder ser de centeno, y se amasaba bien con los pies hasta que estaba a punto para moldear.
El molde era de madera y se llamaba adobera. Era una especie de cajón alargado del que sobresalían un poco las tablas de dos lados para poder levantar la adobera y que saliera bien el adobe. Tenía aproximadamente unas medidas de 20 x 15 x 10 cm. Medidas que variaban de una región a otra de España. Para moldear se cogía la adobera y se la mojaba para que no se pegara la masa. Esta operación había que repetirla cada vez que se llenaba la adobera de barro. Para que el adobe saliera bien de la adobera, era necesario apretar con los puños por las cuatro esquinas.
Según se iban sacando los adobes de la adobera se iban tendiendo al sol para que se secaran. Se dejaban unos días y se les daba la vuelta para que se secaran también por el otro lado. Una vez secos, se apilaban y, si no se iban a emplear inmediatamente, se ponían haces de bardas o de espadaña encima con el fin de protegerlos del aire y, sobre todo, de la lluvia. En San Román se empleaba el adobe para todo tipo de construcción: casas, corrales, pajares etc. porque la piedra era más difícil de obtener.
Los segadores que habían terminado la siega y como no había paro en aquellos tiempos, se dedicaban, como una forma de llevar los garbanzos a casa, a la labor artesanal de hacer adobes; más tarde los vendían a quien los necesitaba. Podíamos decir que dicha actividad artesanal era eminentemente social, un recurso más de supervivencia.  

Ventajas de la construcción con “tierra cruda”
La tierra cruda presenta una serie de importantes ventajas con respecto a los materiales de construcción de naturaleza industrial  actuales, entre ellas destacamos:
Gran capacidad como aislante térmico: El material del que está constituido el adobe y el tapial es un buen aislante térmico. El interior de una casa construida con este material requeriría un uso mucho menor de sistemas de climatización que en una convencional de materiales industriales. Las casas construidas con barro resultan frescas en verano y cálidas en invierno logrando fácilmente un agradable bienestar térmico.

Gran capacidad como aislante sonoro: El adobe y el tapial resultan ser también muy buenos aislantes acústicos. Las viviendas construidas con tierra cruda quedan más aisladas de los ruidos exteriores, resultando más silenciosas que otras construidas con materiales industriales convencionales.

Ahorro energético en climatización: La capacidad de aislante térmico del los muros construidos con tierra reduce o incluso evita el uso de sistemas de climatización, lo que supone un ahorro económico, energético y de emisiones de CO2. Una vivienda construida en adobe o tapial en países fríos y que contase con alguna técnica ecológica de climatización, como por ejemplo la energía solar pasiva, podría llegar a prescindir totalmente de sistemas de calefacción que consuman combustibles.

Fabricación de bajo impacto ambiental: Para la fabricación y procesado de los adobes o para la conformación de los muros de tapia, se emplea mucha menos energía que la necesaria para fabricar otros materiales convencionales. Para la fabricación de ladrillos o de bloques de hormigón, así como de los cementos, se recurre a la quema de combustibles fósiles para obtener las altas temperaturas necesarias en su procesado industrial. En cambio, el adobe y el tapial se hacen a mano y con la ayuda del Sol.

Reintegración a la naturaleza: El adobe y el tapial, por estar constituidos por materiales locales y presentes naturalmente en el medio, pueden tener una reintegración total a la naturaleza una vez que el edificio ya ha pasado su vida útil. En cambio el ladrillo, el hormigón y el cemento no se reintegran a la naturaleza una vez que el edificio ha perdido su función, quedando como escombros y provocando un impacto ambiental mucho mayor.

Resistencia del material: Aunque la resistencia de estos materiales puede ser inferior a otros industriales existentes como el ladrillo, a escala humana resulta suficiente. Un edificio de adobe y tapial correctamente construido y mantenido puede llegar a superar fácilmente los 100 años de vida útil en buen estado. En teoría y con el mantenimiento adecuado, un edificio de adobe podría resistir de manera indefinida.

Resistencia al fuego: Debido a su naturaleza físico-química, la tierra cruda presenta una gran estabilidad y resistencia al fuego, resultando ésta claramente superior a otros industriales como el acero, el ladrillo u otros materiales sintéticos e inflamables.

Desventajas del adobe y el tapial con respecto a otras técnicas constructivas:
Limitación en altura: La construcción con tierra cruda, debido a la resistencia del material, limita a dos alturas el número de pisos con que se puede construir un edificio

Vulnerabilidad ante el agua: El agua produce sobre el adobe y el tapial, un efecto erosivo similar al ejercido sobre el suelo sin vegetación. No obstante existen diversas técnicas que la cultura popular ha desarrollado en diferentes partes del mundo para solventar este problema. Para evitar el efecto negativo del agua de lluvia que se acumula en el suelo en momentos de precipitación intensa, los edificios construidos con tierra se sustentan sobre cimientos de piedra, o de cualquier otro material resistente al agua. Las paredes exteriores se las puede cubrir con modernos productos para conseguir gran capacidad de impermeabilización.

Debilidad sísmica. Debido a la naturaleza mecánica del material, las estructuras de adobe y de tapial son más vulnerables al efecto de los temblores y de los terremotos.

Conclusiones:
La construcción con este material, además de ser de sencilla y económica, presenta otras muchas ventajas que la hacen atractiva para lograr viviendas ambientalmente responsables. Se trata este de un material que se ha usado desde hace milenios (como poco desde entorno a los 8.000 años a. C.) en diversas partes del mundo donde se daban las condiciones para ello. Aún hoy día es muy usado en muchas partes del mundo.
En las últimas décadas, este material ha sufrido un injusto descrédito ante la llegada de los materiales de construcción industrial pasando a considerarse como arcaico. Afortunadamente en la actualidad vuelve a renacer un interés por la técnica de la “tierra cruda”, formando parte de los estudios arquitectónicos más vanguardistas del Mundo, a raíz de sus magnificas propiedades para conseguir unas edificaciones medioambientalmente más responsables, complementando, y sin descartar totalmente, los nuevos materiales.

Aprovechamos, desde aquí, para rendir un homenaje a aquellos antiguos albañiles y adoberos de nuestro pueblo, hoy desaparecidos, que hicieron de su vida y profesión un desarrollo de  aquella cultura de la “tierra cruda” 

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