lunes, 16 de marzo de 2009

La tradición de poner "El Mayo"

LA TRADICIÓN DE PONER EL MAYO

Con este artículo terminamos la fase del traslado o incorporación de todo el contenido de nuestra antigua dirección del “blog” a la nueva. Aunque la tarea ha sido a veces ingrata recopilando los datos anteriores, creo que ha merecido la pena ya que esta web posee mejores recursos para plasmar todo aquello de nuestro pueblo.
A punto de comenzar una nueva etapa se me ocurre que podíamos incorporar experiencias escolares nuestras, de nuestros padres o abuelos: poesías, canciones, trabajos, fotografías etc. que me podéis enviar y yo iré colgando en la web. De esta manera honraríamos la memoria a los nuestros, así como nos enriqueceríamos de aquellas vivencias escolares de esa época.
Aprovechamos desde aquí para felicitar a Francisca Asensio Urueña, por el éxito de editar un libro sobre nuestro pueblo titulado: “Apuntes para la Historia de San Román de Hornija”. En él se recopila todo el esfuerzo de su hermano Antonino, ya desaparecido, incansable y apasionado investigador de todo referente a San Román. Creemos que dicha publicación honra su memoria.
La tradición de poner el mayo
Hoy queremos tratar en nuestro “blog”, esa costumbre tan ancestral de “poner el Mayo”, propio del día uno de Mayo, que desde siempre se viene realizando en algunos pueblos de España, concretamente en Castilla y especialmente en San Román de Hornija, nuestro pueblo.
Los orígenes de esta fiesta se remontan a las antiguas civilizaciones de los fenicios a los griegos que manifestaban su adoración a sus dioses y lo que estos significaban en fiestas conmemorativas de exaltación de acontecimientos que para aquellos hombres tenían trascendencia, tales como los cambios de estaciones. La fiesta mayumea fenicia exaltaba la primavera. Esas costumbres fueron asimiladas por nuevas civilizaciones prerromanas, como la celta. La festividad celta de Beltane marcaba el comienzo de la temporada de verano pastoral cuando las manadas de ganado se llevaban hacia los pastos de verano y a las tierras de pasto de las montañas. De ahí la adoración de los fenómenos terrenales: tierra, mar y aire. Una de las principales actividades de la festividad consistía en encender hogueras en las montañas y colinas, poner altos árboles con rituales y significados políticos.
Esta tradición fue asimilada por los romanos en su adoración y culto a multitud de dioses. También asimilaron esta tradición mayumea en honor de la llegada de la primavera y de las primeras flores del año, el día que corresponde con el actual primer día de mayo. Todo poblado romano tenía además de los dioses oficiales los propios autóctonos. En Hispania se adoraba a la diosa Bona Dea también llamada Maya, Maia o Fauna diosa de la fertilidad en la mitología romana con la que se celebraba la llegada de la primavera. Seguramente esta tradición sufrió variaciones con la llegada de la civilización árabe a los campos de Castilla como la manifestación en cantos o rondas a la persona amada. El Cristianismo ha asimilado multitud de fiestas paganas que se profesaban con anterioridad a su implantación en fiestas religiosas y esta es un claro ejemplo de ello: la mayoría de dichas fiestas paganas pasaron a ser fiestas en honor a la Virgen María
Así es como la fiesta de la llegada de la primavera y adoración a la Tierra, pasaría a ser una fiesta de adoración a la diosa Maya en tiempo romano y posteriormente fue modificada como variante de exaltación religiosa, con la introducción de la veneración a la Virgen María.
Las teorías de culto animista dan en considerar al árbol como ser animado, teniéndolo por causa de espíritus de la vegetación y de la fecundidad. Cuando el hombre, durante el Paleolítico, es nómada tras las especies de caza, permanece en contacto directo con los bosques y con sus espíritus; mas al hacerse sedentario (en el Neolítico), rodea sus poblados, para defenderse, de potentes murallas, estableciendo una separación física entre su hábitat y sus bosques, entre su morada y la de sus numerosos protectores. Por ello, al ser los árboles morada de espíritus, con la llegada de la primavera acudía al bosque y cortaba el árbol o rama donde se asentaba la divinidad, trayéndolo hasta el poblado para plantarlo en su centro, en la confianza sentida de que con la casa viene su morador a habitar nuevamente entre ellos, propiciando la prosperidad de las cosechas, la multiplicación de los rebaños y la bendición de las mujeres con hijos.
Posiblemente sea la tradición de "poner el Mayo", una de las más arraigadas en muchos de los pueblos, no solo de Castilla sino de toda la Península. El día 1 de Mayo, es el día en que los Quintos de San Román, (varones y mujeres que dejan atrás la adolescencia para ser ya adultos), celebran su puesta de largo con la acción “de poner el mayo” con ayuda de amigos y familiares. Ellos son quienes, en reuniones secretas, deliberan y sentencian el mejor ejemplar (ya que cuanto más alto sea el "mayo" más bizarría y valentía tienen los mozos del pueblo), siendo igualmente quienes desde algún plantío deberán trasladarlo a su nueva ubicación: la plaza de la Iglesia, antes era en la plaza del Ayuntamiento.
Después de rescatada la viga, se comienza a altas horas de la madrugada a elevar y plantar el que será mayo de ese año. Esa viga llega con frecuencia a medir más de 20 metros de alto y pesar hasta 1500 Kilos, y además es adornada por una frondosa copa de pino en su extremo final.
Los jóvenes se las ingenian como buenamente pueden, utilizando en el proceso: maromas, horquillas (antes carros), remolques tractores, además de la suma de todos los brazos afanándose por conseguir la verticalidad del "mayo", encajando su base dentro de un hoyo previamente realizado en el suelo y fijándolo en su estabilidad mediante piedras y tierra pisada. Tan compleja ingeniería requiere, la demanda de refuerzos, ya que la despoblación rural hace disminuir los componentes de quintos y allí vemos prestando ayuda: padres, tíos y hasta abuelos. Es por lo que podríamos decir que, en nuestro pueblo, “el poner el mayo” esa madrugada del día 1 de mayo es una fiesta generacional, sin olvidar el protagonismo de los quintos y quintas.
Ya el mayo está levantado, pero de él cuelgan las maromas que han servido para su ascensión. Ahora viene la acrobacia del quinto que trepa hasta media altura del chopo y desata tales sogas.
La presencia de este "gigante", en la plaza de la Iglesia, rompe con la monotonía invernal para anunciar la primavera y la estación de la luz. Han contribuido a ello los quintos y acompañantes en una madrugada larga y alegre, donde todos han sido obsequiados con jamón, chorizo, dulces y bebidas.
Todo esto no deja de ser una manifestación cultural más de nuestros pueblos, que aunque olvidando su trasfondo histórico y simbólico, luchan por el mantenimiento y supervivencia de unas tradiciones que no dejan enterrar.

1 comentario:

  1. bravo!por difundir estas viejas costumbres de nuestros pueblos.una castellana en otras tierras.

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