sábado, 27 de octubre de 2012

RELACIÓN DE CINTAS (3)

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Relación de carnavales de 1954

Hoy tratamos de incluir otra de las relaciones de carnaval, concretamente una del año 1954. Observamos que fue creada por Manuel Abad Mora y dicha o declamada por Fructuoso Rodríguez, ambos ya desaparecidos.

Nos llama la atención la alegría que manifestaban nuestros paisanos en aquella época, no conocían esas palabras que tanto nos remachan en la actualidad: crisis económica, prima de riesgo, intervención económica y si me apuran, desconocían el índice de paro de España de entonces y eran bien felices, a pesar de aquella carencias que tenían que soportar y aquel nivel de vida y bienestar tan ínfimos y precarios.

También observamos buenas cualidades creativas y comunicativas en el campo de las “relaciones” del letrista Manuel Abad. Aunque a veces le cuesta esa construcción de la estrofa, vemos que emplea vocabulario y adjetivos de un lenguaje culto y poco coloquial (henchido,  enervada, etc..); lo que nos demuestra que, dentro de su sencillez de jornalero del campo, era un hombre con inquietudes por la lectura.
 
Valoramos positivamente los elogios que hace a su maestro y el mío: D. Bernardo Asensio. La anécdota que cuenta, pone en evidencia que en la escuela de D. Bernardo Asensio, de aquella época, se educaba para el amor, la comprensión y la no violencia.

 

 
      RELACIÓN:


      Pueblo querido:
      Escuchad con atención
       el corto tema literario,
      de mi humilde relación.

      Con un saludo cordial,
      de amor fraternal henchido,
      os brindo pueblo querido,
      en esta tarde ideal,
      un saludo que brota,
      de lo hondo de mi entraña,
      a la noble autoridad,
      a toda la vecindad,
      a San Román y a España.

      No esperéis noble auditorio,
      de mi humilde oración,
      ningún discurso notorio,
      sólo la buena intención
      de agradar este momento
      que a honrarme con vuestra presencia,
      prestos y con diligencia,
      llegasteis a este aposento.

      En esta tarde de alegría,
      de carnaval y alboroto,
      no es todo en mi pecho gozo,
      resplandor y lozanía,
      hay algo en el alma mía,
      que en medio de este barullo,
      no tiene color de arrullo
      y siente melancolía,
      y es que esperaba conmigo,
      en vos gratos momentos,
      laberintos e inciertos,
      la presencia de un amigo,
      y con él os contaría,
      en diálogos graciosos,
      cuentos y chistes jocosos
      con la mayor alegría.

      La causa habéis conocido
      y justificada su ausencia,
      a Dios pedirle clemencia
      que Dios así lo ha querido,
       pero aunque ausente se halle,
       de nuestra vida privada,
       en la infancia comenzada,
       os contaré algún detalle.

      Hay algo en este instante,
      cruza veloz en mi mente,
      un recuerdo, y creo prudente
      mencionarle.

      Es importante, no parezca
      cosa rara, pues recuerdo claramente,
      cuando siendo colegiales,
      nos pegamos, solamente,
      por si era aquí, o era allí
      la coma en los decimales.

      Nos dimos un puñetazo,
      Don Bernardo que nos vió,
      el arresto que nos dio,
      fue darnos un abrazo.

      ¡Vaya castigo gracioso!
      ¡vaya juez inteligente!
      pues aunque parezca jocoso,
      no lo fue precisamente,
      pues nos causó más reparo,
      delante la clase entera abrazarnos,
      que, si dos tortas nos diera,
       y logró con sus castigos,
       hacernos buenos amigos.
 
      ¡Pobre maestro!
      como sabía fundir los corazones,
      con que paciencia labraba
      nuestra mente erial y enervada,
      con consejos y razones,
      con que calma repetía
      las lecciones, “sed constantes”,
      -nos pedía-, “jamás perder un instante,
      que el tiempo es oro” -nos decía-,
      y consiguió con su trabajo,
      laboriosidad y anhelo,
      a pesar de las desgracias
      que para él,
      “destino el Cielo”
      unos alumnos modelos,
      porque a él se lo debemos.

      Recuerdo el día de su despedida,
      con honda pena lloraba,
      treinta y un año llevaba,
      en esa escuela querida,
      donde tanto ha trabajado,
      donde tanto ha padecido,
      donde a tantos ha instruido,
      y tanto ha fructificado.
 
      El homenaje merecido,
      que cultamente le hicimos,
      fue una prueba que le dimos
      de lo mucho que ha valido.
 
      A cuyo nombre inmortal,
      bendicen hoy con cariño,
      del más viejo, al más niño,
      el pueblo de San Román.

      Y voy a cambiar de tema
      haciendo nuevo relato,
      para agradarles el rato,
      y continuar mi poema.

      Algo les voy a decir,
      a las jóvenes hermosas,
      que compuestas y graciosas
      a oírme quisieron venir
      y esto es lo que más me alegra,
      siento el piropo y tengo tanta ilusión,
      que igual se le hecho a una suegra.
 
      ¡Olé el mundo y el salero!
      reparadlas con cuidado,
      que cuadro mejor pintado
      no lo vio Julio Romero.
 
      Con las mejillas de grana,
      con el rímel en los ojos,
      con sus finos labios rojos ...
      la cosa es por la mañana,
      ¡Oh! Que preciosa doncellas,
      como capullos de rosas,
      las manolas más hermosas,
      las labradoras más bellas,
      las más hermosas verdades,
      las caras más sonrosadas
      que en el Hornija lavadas
      parecen divinidades.

      Y si alguien me pregunta
      entre rubias peligrosas,
      morenitas muy garbosas,
      blancas como la azucena,
      ¿Cuál los sentidos me llena?
      al punto le contestara:
      “No me pongas esa cara”,
      al no entender de colores,
      la dueña de mis amores,
      le puedo decir que es Carmen,
      labradora sencilla,
      que es gallarda y colorada
      como luz de la alborada,
      pura, clara y sin mancilla.

      Tú eres mi reina, mi encanto,
      tu cara un ángel parece,
      que una corona merece
      como la Virgen del Canto.

      Vaya una perla oriental,
      con “galas” de plata y oro,
      guardada para este moro
      en vitrina de cristal.
 
      Perdón por mi lengua desatinada,
      la mujer es tierna rosa,
      que perfumada y hermosa,
      bien cerca tiene la espina.

      Esta es la pura razón,
      pero hablando a las mujeres
      se dicen las cosas que quieres,
      sin sentirlo el corazón,
      si la cosa es bien sencilla,
      no creo que valga tanto,
      ni Dios diera tal encanto
      si la hizo de una costilla.

      Algo le diré al cajón,
      que otea tan silencioso,
      tan adornado y hermoso,
      cual majestuoso pendón,
      eres alma, de la fiesta,
      que al sol proyectas destellos,
      con tus colores tan bellos,
      presidiendo nuestra gesta.

      Eres español de entraña,
      pues como a cualquier patriota
      en tu corazón se nota
      la enseña de nuestra España.

      No presumas altanero,
      con tus cintas elegantes,
      pues todas han de arrancarte,
      estos punzones de acero,
      y, después irán unidas
      a la gracia y al salero,
      en el talle sandunguero
      de nuestras nenas queridas.

      Ahora en la terminación,
      con la idea más sincera,
      cuando pase en su carrera
      mi corcel bajo el cajón,
      sacaré con mi punzón
      una cinta muy bonita,
      que lucirá mi mocita,
      prendida en su corazón.

      Por la cinta que te ofrezco
      y ser para mi distinguida,
      “tú serás mi prometida”,
      -mas dime- “si te merezco”,
      te callas, pero -te entiendo-,
      que si llegara primero,
      algún señor de dinero.

      No hay claros, ¡está lloviendo!,
      y lo que decirme quieres
      a nadie coge de susto,
      pues sabemos que ese gusto,
      tenéis todas las mujeres.

      Perdonad mi indiscreción,
      pues lo que pienso no es eso,
      que ya sabéis débil sexo,
      que os amo de corazón,
      con la distinción sincera
      de querer a quien me quiera.

      Ahora noble auditorio,
      me mostraré agradecido,
      como cualquier bien nacido
      en este caso notorio.

      El silencio y la atención
      con que me habéis escuchado
      os honra, pues habéis dado
      la prueba de educación.

      Gracias a la autoridad,
      gracias a la senectud,
      y a toda la vecindad.
 
      Si os he agradado el rato,
      esa era mi intención,
      faltando esta petición,
      “perdón” para mi relato.

      Paso – por favor les pido -,
      para mi caballo, ligero,
      mientras preparo el acero,
      y con esto me despido.

      ¡Que viva el pueblo y su fiesta,
      lo moderno y la mujer
      y para mayor placer
      -Por favor- toque la orquesta!

 

        Fecha: San Román de Hornija 28/02/1954 (carnavales)
 

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