miércoles, 9 de agosto de 2017

Oficios que desaparecieron en nuestro pueblo (2)



LOS  ANTIGUOS COLCHONEROS




Antes de la entrada del verano las mujeres de la casa hacían una limpieza general de ésta. Limpiaban bien todos los rincones, los cajones de las cómodas, los armarios, fregaban a conciencia los suelos, embarraban las paredes interiores y, sobre todo, hacían de nuevo los colchones que estaban duros, con la lana hecha pelotas de borra, apelmazada y lastimando los riñones de los que dormían en ellos.
Hubo una época, no demasiado lejana, en la que los colchones eran de lana de oveja, con una funda de tela en forma de saco, unas veces rojiblanca (de ahí el apodo de “colchoneros” a los Atléticos), aunque otras veces eran floreadas. Con el paso del tiempo la lana se iba aplastando o apelmazando y el colchón reducía en volumen y comodidad, por lo que periódicamente, cada dos o tres años, aparecían en las casas del pueblo, previo aviso, los colchoneros.
El día antes se había deshecho el colchón, lavando la tela si estaba útil, así como la lana en el arroyo, colgando esta última a secar en algún alambre de la era más próxima, como primer paso antes de la llegada del colchonero.
En nuestro pueblo los colchoneros eran normalmente matrimonios. Había dos matrimonios en San Román dedicados a este oficio hoy desaparecido de colchonero:
- El Sr. Juminiano (que también era músico) y su esposa Argimira.
- El Sr. Teófilo y su esposa Prudencia (padres de Marina).
Los hombres utilizaban una vara, casi siempre de fresno, que se

Vareando la lana
hundía en la lana y salía con mechones de lana enganchados a ella. Varazo tras varazo, golpe tras golpe, las pelotas de lana se rompían, se abrían, se esponjaban. La lana bien vareada se colocaba después sobre una nueva tela del colchón, o aprovechando la anterior si estaba en buen uso, previamente lavada. La colchonera, una vez vareada, la distribuía encima de la tela, la cubría con parte de la tela superior y, sentada al lado de lana y tela, cosía con aguja curva por el costado con habilidad y destreza. Ensartaba con cintas que pasaban por los ojetes que existían en ambas superficies de tela, con el fin de que permaneciese una superficie de colchón, por ambas caras,  más o menos uniforme, así como para que la lana no se rodase al mullirlo.
Hemos de hacer notar que esta actividad se realizaba en el corral de la dueña de los colchones, colocando mantas debajo para evitar el contacto con la tierra. Las que no tenían corrales lo hacían a las puertas de las respectivas viviendas, tratando de buscar empedrados. Casi siempre los colchoneros eran invitados a la comida familiar de ese día.
Hoy, ante la aparición de los colchones de muelles, fibra o látex, más prácticos y con menos mantenimiento, aunque más fríos en invierno, hemos arrinconado y desechado el colchón de lana, haciendo desaparecer la profesión de los antiguos colchoneros.



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