martes, 10 de enero de 2017

La desaparición de la ganadería extensiva en San Román de Hornija


Ya no se ven pastores en nuestro pueblo
 

    El pastoreo, y como consecuencia la ganadería extensiva en San Román de Hornija, nuestro pueblo, está totalmente en extinción. Es triste que una profesión de 6.500 años de antigüedad este ahora en la cuerda floja.

    Allá por los años 50 contaba el pueblo con hasta 22 ganaderos de ovejas en régimen extensivo y una cabaña de unas 3000 cabezas. En la actualidad sólo queda una explotación y en régimen de estabulación. Muchos ganaderos complementaban dicha actividad con la agricultura; estos necesitaban los servicios de un pastor asalariado que les cuidara dicho ganado; sin embargo, los propietarios que tenían el rebaño como única actividad cuidaban ellos mismos de dicho rebaño y hacían de su profesión el pastoreo. Esta profesión requería ciertos conocimientos que se iban transmitiendo de padres a hijos. En la actualidad son pocos los que hacen de esta actividad una profesión dadas las siguientes razones:

    -Es una profesión muy sacrificada, trabajaban hasta 15 horas diarias, incluidos domingos y demás fiestas.
    -Estos tiempos han evidenciado un considerable cambio en la mentalidad tanto de los jóvenes como del resto de la sociedad. Hoy en día los trabajos que despiertan el interés de la población son muy distintos a los que lo hacían hace 50 años. Es de recordar que en nuestro pueblo, en los últimos años, sólo se encontraban pastores portugueses.
    -Carece de valor, de un tiempo a acá, la lana que se obtenía de la oveja por la acción del esquileo a comienzos de la primavera. La lana era complemento esencial de todo tipo de tejidos, y hoy, se ha ido sustituyendo por fibras sintéticas. Los colchones empleaban antes como elemento principal la lana, ahora se hacen de muelles, espuma o látex y como consecuencia son menores los beneficios que aporta dicho animal.
    -Las dificultades en cuanto la elaboración y comercialización de sus quesos. Antes los pastores los elaboraban en sus casas, hoy Sanidad interviene sometiendo dicha elaboración a grandes controles sanitarios que sólo pueden llevarse a cabo en modernas fábricas.

    Para un mejor aprovechamiento del término municipal lo dividían en pagos o cuarteles. El término de San Román se dividía en 4 partes o cuarteles y cada cuartel era dividido o repartido, a su vez, para 5 ó 6 rebaños que cada pastor respetaba al conocer bien los límites establecidos. Anualmente cada ganadero pagaba una cuota a la Hermandad de labradores por dicho pastoreo: aprovechamiento de rastrojos y viñas, una vez vendimiadas. La hoja de la remolacha era contratada y abonada directamente al dueño de tal explotación.   

    Los beneficios que aportaban las ovejas al ganadero eran: corderos, leche, lana y la venta del estiércol, como fertilizante natural, al agricultor.

    España ostentó durante largo tiempo el monopolio europeo de la lana o vellón. La raza ovina “manchega” fue la única fuente de lana en el mundo hasta que en el siglo XIX los ingleses iniciaron la transformación del algodón. 

    Hasta el siglo XVI la  Mesta gozaba de la protección de los Reyes, porque la lana era el producto de exportación más importante de España y prácticamente fue el principal abastecedor de las arcas del país, a través de los ingresos obtenidos por los impuestos a estas exportaciones. Por esta razón, la Mesta tenía influencias fundamentales en la construcción de la sociedad española medieval y moderna. La Mesta era una asociación de ganaderos castellanos que regulaba la trashumancia de las ovejas y defendía sus intereses frente a la agricultura.

    Los pastores encerraban las ovejas durante el tiempo frío, protegiéndolas de las inclemencias del invierno, en el pueblo, en cuadras o cobertizos; sin embargo, en verano lo hacían al raso en apriscos improvisados con teleras. Había un acuerdo entre los ganadores y los labradores, que dejaban a aquellos las fincas donde se ponían las teleras, y era la obligación de los labradores de aportar económicamente lo estipulado a los ganaderos, fruto de la fertilización que realizaban las ovejas en la finca donde se asentaban. Eran apriscos móviles que recorrían toda la finca mediante el cambio de posición de las teleras. El agricultor aportaba un asentamiento a dicho ganado durante una temporada y a la vez pagaba por ello.  

    Con la invasión de los visigodos (468 d.C.) comenzó la trashumancia entre zonas lejanas. La protección de esta actividad y los derechos de los ganaderos y pastores quedó incluida dentro de los códigos jurídicos que contenía el Fuero Juzgo” visigodo, que como ya dijimos, en anterior artículo de este blog, fue elaborado por el rey Chindasvinto y promulgado por su hijo Recesvinto. La Trashumancia en España era el traslado o paso del ganado por sus pastores desde las dehesas de verano a las de invierno, y viceversa, siempre buscando una mejor calidad de pastos como consecuencia de las fuertes diferencias estacionales de la península ibérica. La trashumancia tejió un extenso sistema de comunicaciones de vías pecuarias que al inicio del siglo XXI todavía subsiste a lo largo de 125.000 kilómetros y más de 400.000 hectáreas, entre cañadas, cordeles, veredas y coladas. 

    Hemos perdido en nuestros pueblos la belleza del paisaje que generaba la vista a lo lejos del bucólico pastor y su rebaño. El pastor con cayada en ristre, zurrón y honda, dominaba esa congregación de animales con la ayuda del perro. El perro, era su mejor compañero como 
ayuda para dirigir y llevar el rebaño de ovejas. Sin un buen perro es muy difícil conducir un rebaño de ovejas. El pastor se encargaba de adiestrar a su perro para conseguir sintonizar con él a la hora de recibir las órdenes necesarias para la conducción del rebaño. Había perros que no dejaban arrimarse a ningún extraño al rebaño, basta que alguien se acercaba al pastor, ya le estaban enseñando los dientes. Podría decirse que el pastor y el perro eran el baluarte de un buen pastoreo.

    Los pastores eran unos auténticos meteorólogos, las nubes, el viento eran para ellos indicadores del tiempo, con previsiones acertadas. Sabían la hora en cualquier momento, midiendo con el brazo extendido los dedos que había desde el horizonte hasta el sol. Así mismo, eran grandes observadores de los comportamientos de los animales a la hora de barruntar distintos fenómenos atmosféricos.


    Aunque cada pastor conocía bien sus ovejas, existían dos sistemas para saber a quién pertenecían las ovejas: el uno consistía en hacerles hendiduras y agujeros en las orejas; el otro marcarlas con pez caliente cuando están recién esquiladas, también existían unos hierros que llevaban la letra del nombre del propietario en uno de los extremos y un mango de madera en el otro. Se calentaba pez o alquitrán y con el marcador impregnado se aplicaba en la parte alta de uno de los costados de la oveja. Otra forma de identificar un rebaño era a través de los cencerros o esquilas que llevaban algunas ovejas, así como para facilitar la labor de búsqueda si una oveja se perdía o extraviaba. A modo de curiosidad, me contaba un compañero que, en algunos pueblos de la provincia de Guadalajara, en plena Alcarria, había profesionales cuyo oficio era el de “afinador de cencerros”. Consistía dicha actividad en dar a los cencerros un tono característico a cada rebaño, así el dueño localizaba mejor donde se encontraba, en cada momento, el suyo. Profesión afectada por la desaparición del pastoreo.

    La oveja recibe varios nombres de acuerdo con su edad: “cancina" cría de oveja de un año  “borrega”, de un año a dos años. A partir de ser borrega, la oveja cambia dos dientes cada año hasta el quinto. Los entendidos saben la edad que tiene una oveja por el estado en el que se encuentra su dentadura. Cuando se consideraba que las corderas ya eran grandes, se procedía a destetarlas. Hemos de aclarar que a los machos de hasta un año se les llama corderos y reciben distintos nombres según sus meses de vida: “lechal”, “recental” y “pascual”.  

    Antes lamentábamos el encuentro en la carretera o caminos con un rebaño, había que detener nuestro vehículo mientras el pastor apartaba hacia la derecha las ovejas con el fin de darnos paso. Ahora vemos las cunetas de nuestras carreteras, caminos y algunos parajes de nuestro pueblo, ejemplo los tesos de las bodegas, etc. plagados de altas hierbas. Estas hierbas eran alimento de las ovejas que limpiaban estos parajes evitando ser la causa de algunos fuegos actuales.  Este fenómeno de la desaparición de la ganadería extensiva, del ganado ovino, es algo similar a una ruptura de la cadena alimentaria. Nos ocurre a la sociedad actual como aquel pueblo que, dado el trigo que comían los pájaros, decidieron exterminarlos y las consecuencias fueron peores ya que el pueblo se convirtió en inhabitable dada la proliferación de mosquitos, Aquí no hemos eliminado las ovejas, aunque si indirectamente, por las causas anteriormente expuestas, así como las pocas ayudas recibidas de los gobiernos de turno, lo que ha terminado en su desaparición por explotación poco rentable.

    Últimamente, en determinadas zonas de España se detecta un resurgir del pastoreo. Las causas principales de este resurgimiento son:
    -Un creciente interés de algunos sectores de la población por productos alimenticios artesanos.
  -Iniciativas de “una vuelta al pueblo”, como consecuencia de esta última crisis y paro en las ciudades.
    -Otra causa es la preocupación por el medio ambiente y por las prácticas (como el pastoreo) que contribuyen a su conservación.
    -El potenciar en algunas partes de España "escuelas de pastores", como una situada en el Parque Nacional de Picos de Europa, otras en Teruel y Guipúzcoa. En estas escuelas se enseñan las labores propias de la profesión, además de otras asociadas al oficio, como la elaboración de queso.

    La sociedad tiene una deuda histórica con el pastor y la cultura ancestral que representa; puede ser saldada mediante el conocimiento, conservación y documentación de un saber que no está plasmado en libros, devolviendo de este modo a las gentes que trabajaron y trabajan en el cuidado del ganado el prestigio que nunca debieron perder.

    Nota: He de agradecer el asesoramiento, así como alguna puntualización de mi primo Lucio Gil Seco, experto  como ganadero que fue, en otros tiempos, de ganado ovino. 


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