domingo, 9 de abril de 2017

Pregón de la Semana Santa 2017 en San Román de Hornija


Con ánimo de vincular y hacer partícipe de nuestra Semana Santa a los sanromaniegos que no asisten a nuestro pueblo por estas fechas y ante la petición de algunos de ellos, tengo a bien transcribir en este blog el pregón de la Semana Santa 2017.


¡Buenas tardes a todos!

D. José Antonio, cura párroco, Junta de la Cofradía del Cristo de la Piedad, cofrades y paisanos todos.

Aunque en un principio pensé que, como consecuencia de adolecer alguna  limitación visual, podía ser un inconveniente para conseguir el pregón que vosotros os merecéis, sin embargo, con gran corazón y sentimientos hacía éste, mi pueblo, al que quiero, aquí me tenéis con vosotros ¡Gracias por contar conmigo!
He de resaltar mi agradecimiento a la Comisión o Junta de esta Cofradía del Cristo de la Piedad, que gracias a su tesón, ilusión y esfuerzo han sabido potenciar nuestra Semana Santa, mediante una vinculación del pueblo a sacar en procesión al Cristo de la Piedad, antes muy venerado por nuestros ancestros, posteriormente un poco olvidado y ahora, al llegar estas fechas, nuestras mentes se llenan de ese Cristo crucificado implorando piedad.

Tras algún tiempo sin venir al pueblo por esta semana actual, última de cuaresma, he de deciros que me encantó, el pasado año, la procesión del Viernes de Dolores con su Vía Crucis nocturno, salpicado por esa estela de faroles, así como la procesión del Viernes Santo con el Cristo de la Piedad, portado a hombros, a pesar de su peso, como gesto de mortificación y sacrificio. Pero lo que sin duda me impactó fue la presencia tan numerosa de gente en estos actos, motivo de unión del pueblo, así como un arraigo en la fe.   

Habiéndose ya cerrado las puertas de la cuaresma, el Sol comienza  a escribir en las fachadas y ventanas sus lecciones de primavera, y nos llama a caminar por otra Semana Santa, más tardía este año, pero conmemorando, como otros años, con la misma impotencia y el mismo melancólico silencio, la condena más injusta de todos los tiempos al Dios hecho hombre
Hoy, que faltan pocos días para que comience la semana de la Pasión de Jesús, me asomo desde este atril para recordar algo sobre la Semana Santa de nuestro pueblo, que vosotros conocéis tan bien o mejor que yo. ¡Qué gran osadía la mía!
Esta tarde vamos a fijarnos en el Retablo de “Don Sancho Rojas”, para evocar los momentos de la Pasión de Jesucristo. Habréis visto la imagen de dicho Retablo en la portada del programa de esta Semana Santa 2017. Este Retablo es muy importante para este pueblo, como veremos más adelante.
En segundo lugar, reviviré con muchos de vosotros, aquella Semana Santa de nuestra niñez en San Román, que aunque humilde era muy entrañable para nosotros porque era la nuestra.  
El Retablo de Don Sancho Rojas se encuentra en el ala L de la planta baja del Museo del Prado, catalogado como uno de los mejores retablos de todo el Museo, con una inscripción en la parte inferior que dice: “Retablo de D. Sancho Rojas procedente de la Iglesia de San Román de Hornija”.
Se cree que su autor fue el pintor castellano Juan Rodríguez y que fue encargado por D. Sancho de Rojas, arzobispo de Toledo, para la Iglesia de San Benito de Valladolid, donde se mantuvo hasta el año 1612 fecha en la que llegó a nuestro pueblo como una donación de San Benito de Valladolid. Aquí presidió el altar mayor de la Basílica del Monasterio hasta el siglo XVIII que, para preservarlo de un fuego, pasó a guardarse en la capilla del antiguo cementerio. Allí permaneció olvidado hasta que en 1929 fue recuperado por el Museo del Prado, pagando éste 20.000 pesetas a nuestra parroquia por tan importante obra.
El retablo ilustra en sus 19 tablas la vida de Jesús y, dado que nos encontramos en la Semana Santa, he considerado oportuno hablar de las 6 escenas de la Pasión que contiene dicho retablo, que permaneció aquí durante 317 años.
Os hemos repartido unas fotocopias de dichas imágenes, con el fin de que podamos ir siguiendo todos juntos cada una de las escenas que voy a ir detallando, y así conocer algo mejor este retablo procedente de nuestro pueblo.
 
El ECCE-HOMO
La Flagelacción

Jesús con la Cruz a cuestas
Cristo muere en la Cruz

        
La quinta angustia- La Piedad
El Santo Entierro





1ª Escena del retablo: El ECCE-HOMO:

¡He aquí al hombre! Pilatos presenta a Jesús a los judíos preguntándoles ¿Qué queréis que haga con Él? ¿A quién queréis que suelte a Jesús o a Barrabás? Ante la insistencia del pueblo pidiendo la libertad de Barrabás, Pilatos entrega a Jesús a los soldados para que le azoten y lavándose las manos dijo: ¡No veo en Él ninguna culpa! En esta escena del retablo que contemplamos, el autor nos muestra a Jesús sentado. Pudiera ser antes de la flagelación, y no después, como es más frecuente ver al Ecce-Homo.

2ª Escena del retablo: LA FLAGELACIÓN:
Fue tan fuerte aquel flagelo, dos sayones con látigos ramificados terminados en punta de plomo y hueso para penetrar en la piel y producir desgarro, que descargaron con toda su fuerza e ira contra el cuerpo de Jesús. Aquel hombre, indefenso, ensangrentado y atado a una columna, en medio de aquel inhumado e impresionante dolor, no da muestras de queja, sólo dio como respuesta la expresión de su mirada.
3ª Escena del retablo: Jesús con la Cruz a cuestas:
A Jesús, como burla, le colocan una corona de espinas y un cedro en sus manos: ¡Ves ya eres Rey,… un rey de Nazaret! Y lo hacen cargar con una pesada cruz, camino del Monte Calvario donde iba a ser crucificado. En este trayecto, Jesús sufre tres caídas. La pérdida de sangre, y el agotamiento físico, le producen el desfallecimiento. Un soldado lo quiere levantar a latigazos. ¡Ayúdale, Cirineo!, y entre burlas,… ¡Veis, el Rey de los Judíos… sólo es un nazareno!
 4ª Escena del retablo: Cristo muere en la Cruz.
Y llegado al Monte Calvario, fue clavado en la cruz entre dos malhechores. Jesús, ya derrotado como hombre, sin fuerzas y casi sin vida, dice al Padre: ¿Por qué, me has abandonado? Su Madre, estaba allí, y Jesús la quiere liberar de tanto dolor como madre. No sufras más, y mirándole dijo: ¡Madre, he ahí a tu hijo!  y dirigiéndose a Juán, su discípulo amado, le dice: ¡Juan, he ahí a tu madre!. Pidió Jesús al Padre para sus propios verdugos ¡Padre,… perdónalos, porque no saben lo que hacen! Cuánto amor y caridad, hasta el último aliento de su vida, nos dio Jesús. Quien, mirando al cielo, encomendó al Padre su Espíritu y expiró.
5ª Escena del retablo: La quinta angustia- La Piedad.
En ella, la Virgen recoge en su regazo al Cristo muerto después de ser desclavado de la cruz. ¡Qué trágico parecido con Belén y con Nazareth! El cuerpo de Cristo muerto vuelve a estar en brazos de Nuestra Señora, dueña de él como de un cuerpo niño. El pintor expresa muy bien el dolor: “Sus ojos, que brillaban como estrellas en el cielo, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos, su lengua pegada al paladar y su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.
6ª Escena y última: El Santo Entierro.
Cristo es sepultado, ya no sufre pero es Cristo muerto. La Tierra se ha estremecido en terremoto para recibir al Señor. Queda, sí, Nuestra Señora destrozada por el adiós, mártir por no morir, esperanza nuestra y de la Tierra. La pintura se anticipa a lo que debe ser el Sábado Santo: ¡Paz en el sufrimiento!

Recuerdos de nuestra Semana Santa en mi niñez:
Voy a hablaros de aquellos recuerdos de mi infancia en Semana Santa. Recuerdo aquel olor característico de aquellos días. Ya comenzaba el campo a embellecerse con flores y ese aroma comenzaba a inundar los silencios de aquellos Jueves y Viernes Santos. Eran tiempos de luto: había muerto el Señor. Las emisoras de radio, -aun no había aparecido la televisión-, compartían dichas fechas con una programación especial, sin el “parte de noticias” y emitiendo sólo música sacra. Las campanas que tocaban diariamente a misa y rosario, silenciaban toda su actividad esos dos días.
La gastronomía en aquella época giraba en torno a no comer carne, que era lo preceptivo de la abstinencia, sin embargo nuestras madres nos preparaban aquellos exquisitos “potajes de vigilia”, también llamados “de Cuaresma”. Al potaje no le faltaba de nada: garbanzos, alguna verdura y un poco de “bacalao”. En cuanto a dulces o postres, no eran muy conocidos por nuestro pueblo los huevos de Pascua, muy poco las torrijas, aunque sí las flores y orejas.

Los monaguillos, y generalmente todos los niños, tocábamos un instrumento muy peculiar de estas fechas llamado “matraca”. Cuando escuchábamos o tocábamos aquellos sonidos tan atronadores, nos olvidábamos que eran un medio para anunciar a la gente del pueblo su asistencia a los actos litúrgicos del Jueves y Viernes Santo. Dentro de aquella inconsciencia infantil, pensábamos que con aquellos sonidos tan estridentes ahuyentábamos a los judíos del pueblo, a los que considerábamos verdaderos culpables de la Pasión de Jesús. Nos sentíamos, aquellos días, un poco héroes. Siempre nos acompañaba en el recorrido del pueblo alguno de los tres hermanos de la familia Mora, que portaba una matraca de grandes proporciones que estaba siempre en la Iglesia.    
Así mismo recuerdo, aquellos Viernes Santos de mi niñez, cuando  las autoridades del pueblo: alcalde, juez y concejales se disponían a adorar la Cruz descalzos ¡Perdón! en calcetines ¡Eran otros tiempos! Se arrodillaban dos veces durante el trayecto de dicha adoración y de vuelta a su sitio lo realizaban del mismo modo aunque andando hacia atrás. Los niños y niñas de ambas escuelas sentados aquí delante, en aquellos bancos bajos y sin respaldo, observábamos tal formulismo con una actitud expectante y un poco morbosa, ya que siempre esperábamos algún error en la ejecución de dicha adoración o el correspondiente tomate de algún que otro calcetín.

La procesión más bonita y que hacía volver el pueblo a la normalidad, después de esos dos días de dolor y silencio, era la del día de Resurrección. Salían, ese día, dos procesiones: la de la Virgen cubierta su cabeza con un velo acompañada por mujeres y la del niño Jesús acompañado por hombres y niños. Ambos pasos salían por distintas calles hasta encontrarse en la plaza de la Anchura. Allí se celebraba el encuentro de Cristo resucitado, representado por el niño Jesús, y su madre María. 
El niño Jesús era llevado por niños que habían hecho la Primera Comunión el año anterior, niños de ocho años que llevaban sobre su ropa, a modo de banda, una toalla bordada que reflejaba el tono de festividad del día, así como las buenas cualidades bordadoras de su madre, tía, o abuela. Aún recuerdo la ilusión que me hizo el año que le llevé: me consideraba parte o protagonista de tal ceremonia. 
Los portadores de la Virgen iban embozados en una seria capa castellana y después de aquellas venias se quitaba el velo a la Virgen. Era el momento del encuentro del Cristo resucitado con su Madre. La tristeza y el dolor de días anteriores terminaba dando paso a un Cristo resucitado al tercer día, como estaba escrito. Se lanzaba un cohete, las campanas rompían su silencio repicando, los portadores de la Virgen se quitaban las serias capas y quedaban revestidos con otras toallas bordadas que llevaban debajo. Ambos pasos continuaban juntos hasta la Iglesia, dando por terminada la Semana de Pasión. Día de alegría para los cristianos ya que Jesucristo, venciendo a la muerte, resucitaría al tercer día, dando comienzo la Pascua.        
Dejando aquellos recuerdos de niño, tenemos los cristianos actuales un gran reto que es el de construir entre todos una Iglesia comprometida, valiente y actual. Nosotros también somos Iglesia y no sólo los sacerdotes y obispos. Demos testimonio público de nuestra fe, sin complejos, y hagamos de este siglo XXI el escenario de tanta justicia pendiente.
Que esta hermandad del Cristo de la Piedad no termine su actividad en esta procesión que tanto nos ha unido, sino que el resto del año seamos capaces de dar testimonio de ese Cristo crucificado con actitudes de amor al prójimo, especialmente a los que más nos necesiten.
En los tiempos de intolerancia e incomprensión que vivimos, debemos ser tolerantes y comprensivos con los que no profesan la fe en Dios y así, recíprocamente, pedirles a ellos la misma tolerancia y respeto. La primera Iglesia de Jesús no contemplaba imponer la fe a base del temor o con medidas de hostigamiento. 
Si pregonar significa decir en voz alta una verdad que a todos conviene saber, qué mejor verdad que recordar y celebrar algo que sucedió hace casi dos mil años y que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue estando de actualidad en estos días.
Por último, yo os digo, con una voz monótona y un poco cascada, pero con toda la rotundidad: todos los poderosos del mundo juntos no han tenido la misma influencia y huella sobre la vida de los seres humanos, que la que tuvo y tiene, dos mil años después, ese hombre: el Hijo de Dios que se hizo hombre para salvarnos.

¡Gracias por vuestra atención!
¡Buena Semana Santa y Feliz Pascua! 

sábado, 25 de marzo de 2017

Programa de la Semana Santa de San Román de Hornija 2017

Hoy transcribimos el programa de los actos de Semana Santa 2017 en San Román, que la joven María Pérez Rodríguez ha realizado con muy buen gusto al insertar imágenes de muy buena calidad.

domingo, 5 de marzo de 2017

Las fiestas de los pueblos colindantes


La Fiesta de la Magdalena en Villafranca del Duero



Todos los pueblos de Castilla, dentro de la estación veraniega, celebraban y celebran sus fiestas locales. Era visita obligada, y participación de los jóvenes de los pueblos colindantes, a aquél donde se celebraba dicho festejo. Así los jóvenes, y no tan jóvenes, de San Román participábamos de esas actividades festivas de los pueblos vecinos: Toro, Castronuño, Pedrosa del Rey, Casasola de Arión  y Villafranca del Duero.

Una de las primeras fiestas a las que asistíamos era la del 22 de Julio, festividad de María Magdalena y se celebraba en Villafranca del Duero. Los pormenores y peculiaridades que guardamos de la asistencia festiva a éste pueblo nos dejaron unos recuerdos y una huella que merecen hoy ser contados.

Villafranca del Duero dista de nuestro pueblo apenas 5 Km., pero esa pequeña distancia geográfica que nos separaba se veía más lejana a causa del curso del río Duero que divide dichos pueblos. Entonces no disfrutábamos de puentes, como el que existe en la actualidad en la “Presa”, ni tampoco había coches; la única manera de cruzar el río, que marcaba una barrera u obstáculo entre la comunicación de ambos pueblos, era a través de barcas que unían ambos márgenes u orillas. No eran barcas que se dedicaran exclusivamente a tal comunicación o travesía entre ambos pueblos, eran casi siempre barcas de pescadores de San Román, que de forma extraordinaria nos transportaban  ese día festivo a la otra orilla a cambio de un estipendio por travesía con el que conseguían mejorar su débil economía de sacrificados pescadores de agua dulce.

¡Quién no recuerda las barcas del Sr. Tasio “El Balerio” y la del Sr. Bertilio! Ambos hacían de su profesión la pesca con red de barbos, boas y demás seres vivos que les permitía la rica fauna, en aquella época, del río Duero. Los peces los vendían en San Román o en pueblos próximos llevándolos en grandes “cestañas” de mimbre.

Hasta el embarcadero llegábamos desde San Román en burros y los más aventajados lo hacían en bicicleta. Los burros los atábamos a pequeños y espontáneos arbustos, que surgían en ese margen derecho del río, y allí permanecían a la espera de nuestro regreso. Las barcas nos comunicaban con Villafranca mediante un peculiar y, a veces, arriesgado viaje. Los especialistas en pilotar tales naves lo hacían mediante varales largos que apoyaban en el fondo del río y mediante una especie de palanca conseguían navegación venciendo la corriente del propio río. A veces, casi siempre, por excesiva carga, llegaba a entrar agua en las barcas y había que sacarla con alguna lata, antes de de conservas, o algún recipiente en forma de cazo.

Por la tarde, disfrutábamos en Villafranca del peculiar y típico espectáculo taurino, tan característico y similar a casi todos pueblos de Castilla. Por la noche había baile de salón con unas características y costumbres tan singulares que le diferenciaban del resto de los bailes de otros pueblos de la comarca, A diferencia de otros lugares, donde se bailaba bajo una petición a la joven entre una pieza y otra, aquí en pleno baile era un deambular de bailadores pidiendo intercambio de pareja, lo que se llamaba “La fía”. Se trataba de una costumbre ancestral establecida en este pueblo y consistía en hacer un cambio o rotación de bailadores a las chicas del baile, sin ninguna opción o decisión por parte de éstas; solamente requería una petición, aparentemente educada al bailador anterior, que sólo admitía el simple y abreviado formulario ¿Por favor? Muchas veces surgían peleas ante la negativa del primer bailador a tal cambio a causa de una buena complicidad con la bailadora, aunque dicha actitud chocaba frontalmente con todo lo que conllevaba dicha costumbre, asumida como ley por todos los jóvenes del lugar. Ante tales negativas algunas veces había fuertes peleas sin llegar la sangre al río Duero próximo.

 Dicho formulario de pedir baile coartaba toda libertad e iniciativa de la mujer para bailar con quien quisiera. La chica era un ente pasivo y sin decisión, dada la tiranía del hombre a elegir la bailadora que le interesaba, así como la que ejerciese en él algún poder de atracción. Dudo, porque lo desconozco, que tal costumbre esté en vigor en la actualidad ya que estos comportamientos eran fruto del machismo exacerbado de aquella época.    

El regreso, a altas horas de la madrugada, aumentaba los riesgos de dicha navegación, debido principalmente a la obscuridad de la noche, así como alguna copa de más que llevábamos tanto barqueros como tripulantes, circunstancia por la que, tal vez, no intuíamos tal peligro. Hay que hacer notar que la mayoría no poseíamos ninguna técnica de natación. Gracias a Dios, nunca ocurrió desgracia alguna en tan arriesgada y peculiar travesía, y así, quizás por morbo, volvíamos a acudir, el siguiente año, a aquel ambiente festivo tan singular y típico de la Magdalena en Villafranca del Duero. 

lunes, 6 de febrero de 2017

Los Recuerdos


Los recuerdos, clave de este blog


Nuestro blog: “San Román de Hornija en el tiempo” trata de establecer nexo o  conexión del pasado con el presente a través de testimonios, unas veces orales y otras veces escritos, aunque  siempre tales testimonios se basan en el “recuerdo” que une el pasado con el presente. Este el motivo principal del estudio que hoy realizamos sobre “los recuerdos”. Los recuerdos no son la clave para el pasado, sino para el futuro.
Recuerdos son las imágenes o conjunto de hechos o situaciones pasadas que quedan en la mente. Un recuerdo es la memoria que se hace de algo que ya ha pasado o de lo que ya se habló. El recuerdo, por lo tanto, está asociado a una función cerebral (que resulta de las conexiones sinápticas entre las neuronas) y una facultad psíquica (la capacidad para retener el pasado).
Gracias a la capacidad para contemplar el pasado, el ser humano está en condiciones de planificar el futuro. Los recuerdos pueden estar vinculados a la memoria a corto plazo o a la memoria a largo plazo.
Cuando una persona tiene problemas para conservar los recuerdos, se dice que sufre de alteraciones en la memoria. La ausencia de recuerdos, ya sea temporal, permanente, parcial o total, recibe el nombre de “amnesia”.
De la misma manera, no podemos pasar por alto otra enfermedad que está muy asociada a los recuerdos. Se trata del “Alzheimer”, una patología neurodegenerativa que hace que las personas que la padecen vayan perdiendo la memoria, debido a que las células nerviosas se van muriendo y, por tanto, se produce lo que sería la atrofia de determinadas partes del cerebro. Así, quienes tienen esta enfermedad no consiguen recordar cosas de su vida, no son capaces de reconocer a sus familiares, se encuentran con el hecho de que no saben realizar tareas del día a día que antes de estar enfermos sí hacían. Podíamos decir que esta es la peor enfermedad de los mayores.
El ser humano, desde que cumple los 3 primeros años va grabando o recopilando las imágenes o hechos (recuerdos) que le proporciona el entorno donde vive; de 1 a 3 años graba imágenes muy difusas que pertenecen a la etapa llamada “amnesia infantil”. Al parecer los recuerdos más persistentes no son los producidos hace menos tiempo, sino los vividos con mayor intensidad emocional. Los acontecimientos emocionalmente perturbadores como un accidente, una agresión o la muerte de un ser querido se imprimen en la memoria con un impacto superior a la de hechos cotidianos.
Los recuerdos pueden ser buenos o malos. La vida del ser humano encierra momentos no deseados pero que irremediablemente tienen que existir, como el fallecimiento de un familiar, momentos que podíamos encuadrarlo dentro de malos recuerdos, aunque entrañables recuerdos; otras veces disfrutamos momentos de felicidad que enmarcamos dentro de los buenos recuerdos, ejemplo: el día de nuestra boda, el nacimiento de un hijo, etc. En una palabra que no podemos evadirnos de los malos recuerdos que nos impactan y sellan nuestra personalidad, Si el hombre sólo tuviera buenos recuerdos gozaría de una felicidad absoluta y eso es imposible.
Otras veces nuestros comportamientos o actitudes realizados con ligereza nos han traído, como consecuencia, malos recuerdos de los que no podemos evadirnos y que quisiéramos olvidar. ¿Quién no tiene, a su pesar, como imperfectos que somos, malos recuerdos de aquellas actitudes o comportamientos que nunca debimos realizar y que siempre hemos lamentado que ocurrieran? Sin embargo, tales fracasos, nos han servido para rectificar y no volver a caer en dichos errores. A veces, nos acordamos de una mala experiencia y a pesar de ello recordamos también la parte buena y minimizamos los malos momentos. Nuestro cerebro intenta protegernos para que seamos más felices. La naturaleza es sabia.
El recuerdo, es la capacidad del ser humano para contemplar el pasado. Los recuerdos que provocaron alguna emoción influyen en la personalidad y perduran nítidamente en nuestra memoria durante mucho más tiempo. Por eso son las emociones las que estructuran nuestra memoria, seleccionando recuerdos y dándoles forma.
Los recuerdos no solo surgen en el presente, sino que también son vividos en él. En el momento que aparece un recuerdo, ya no existe en el pasado, sino que se convierte en una parte de nuestras vivencias actuales. El recuerdo es el lugar en el que se encuentran el pasado y el presente.
Si se borraran los recuerdos de nuestra vida, perderíamos una gran parte de lo que somos, y al fin y al cabo, es más importante que el lugar donde estamos, el camino que recorrimos para llegar. “El recuerdo en todo ser humano es su literatura privada”

Este blog, San Román de Hornija en el tiempo, como reza en nuestros objetivos situados en la cabecera de la página de inicio: “Trata de recopilar vivencias, cultura y anécdotas relacionadas con nuestro pueblo”. En esta recopilación un factor muy influyente es el recuerdo del ser humano Todos sabemos que muchos recuerdos de nuestros mayores, ya fallecidos, y relacionados con nuestro pueblo, fueron llevados con ellos a su tumba provocando su total desaparición y olvido; es por lo que siempre me he ofrecido a dejar constancia en este blog, “de todos”, del que me considero un moderador o gestor, de tales vivencias o hechos antes que se pierdan. Sigo ofertando y animando, como muchas veces lo he hecho, toda colaboración para la consecución de los objetivos ya mencionados. Este blog está al alcance de todos para su lectura o impresión a papel de toda la información que se ha publicado hasta ahora en sus 86 artículos de contenido, al día de hoy. Sé que hay gente de nuestro pueblo, a las que respeto, poseedores de vivencias y recuerdos relacionados con nuestro pueblo, que prefieren no compartirlas con los demás. Desde aquí les vuelvo a animar y pedir colaboración por el bien de la historia de nuestro pueblo. Dichas historia, así como las vivencias, estamos obligados a transmitirlas, con los mejores recuerdos, a futuras generaciones. 

Algunas frases sobre el recuerdo:
-Nuestros recuerdos nos dan voz y dan testimonio de la historia, para que otros puedan aprender. Por lo que podrían celebrar nuestros triunfos y estar alerta de nuestros fracasos.
-Puedes cerrar los ojos a la realidad pero no a los recuerdos.
-El ayer no es más que el recuerdo de hoy, y el mañana es el sueño de hoy.
-No recordamos días, recordamos momentos.
-La peor parte de mantener recuerdos no es el dolor. Es su soledad. Los recuerdos necesitan ser compartidos.
-Nuestro espíritu es más fuerte que nuestra memoria.
 -Los recuerdos, incluso los amargos, son mejor que nada.
-Recordar es sencillo. Olvidar es duro.
-Cuando todo está perdido, aún queda el recuerdo.
-La experiencia enseña que incluso los recuerdos más preciados se desvanecen con el tiempo.
-No somos más que la acumulación de nuestros recuerdos..
-Cuando se hace el recuerdo, el olvido puede comenzar.
-Hay muchas personas que confunden su imaginación con su recuerdo.
-Los recuerdos son las únicas cosas que nos atan al pasado.
-Lo único peor que los malos recuerdos es no tener recuerdos.
-La gratitud es cuando el recuerdo se almacena en el corazón y no en la mente.
-Ama, vive y construye recuerdos.
-A veces las cosas que recordamos son más reales que las que vemos.
-Nada está perdido mientras lo recordamos.
-Si no tienes buenos o malos recuerdos es porque no estás viviendo la vida.
-No importa lo que ocurra, algunos recuerdos no pueden ser reemplazados.
-Las cosas terminan, pero las memorias duran para siempre.
-Vivir es obstinarse en cumplir un recuerdo.
-Una canción, miles de recuerdos.
-Mantén todos los recuerdos especiales para los tiempos de vida por venir. Comparte estos recuerdos con otros para inspirar esperanza y construir desde el pasado, lo que puede tender un puente hacia el futuro.

martes, 10 de enero de 2017

La desaparición de la ganadería extensiva en San Román de Hornija


Ya no se ven pastores en nuestro pueblo
 
El pastoreo, y como consecuencia la ganadería extensiva en San Román de Hornija, nuestro pueblo, está totalmente en extinción. Es triste que una profesión de 6.500 años de antigüedad este ahora en la cuerda floja.

Allá por los años 50 contaba el pueblo con hasta 22 ganaderos de ovejas en régimen extensivo y una cabaña de 

unas 3000 cabezas. En la actualidad sólo queda una explotación y en régimen de estabulación. Muchos ganaderos complementaban dicha actividad con la agricultura; estos necesitaban los servicios de un pastor asalariado que les cuidara dicho ganado; 
sin embargo, los propietarios que tenían el rebaño como única actividad cuidaban ellos mismos de dicho rebaño y hacían de su profesión el pastoreo. Esta profesión requería ciertos conocimientos que se iban transmitiendo de padres a hijos. En la actualidad son pocos los que hacen de esta actividad una profesión dadas las siguientes razones:

-Es una profesión muy sacrificada, trabajaban hasta 15 horas diarias, incluidos domingos y demás fiestas.
-Estos tiempos han evidenciado un considerable cambio en la mentalidad tanto de los jóvenes como del resto de la sociedad. Hoy en día los trabajos que despiertan el interés de la población son muy distintos a los que lo hacían hace 50 años. Es de recordar que en nuestro pueblo, en los últimos años, sólo se encontraban pastores portugueses.
-Carece de valor, de un tiempo a acá, la lana que se obtenía de la oveja por la acción del esquileo a comienzos de la primavera. La lana era complemento esencial de todo tipo de tejidos y se ha ido sustituyendo por fibras sintéticas. Los colchones empleaban antes como elemento principal la lana, ahora se hacen de muelles, espuma o látex y como consecuencia son menores los beneficios que aporta dicho animal.
-Las dificultades en cuanto la elaboración y comercialización de sus quesos. Antes los pastores los elaboraban en sus casas, hoy Sanidad interviene sometiendo dicha elaboración a grandes controles sanitarios que sólo pueden llevarse a cabo en modernas fábricas.

Para un mejor aprovechamiento del término municipal lo dividían en pagos o cuarteles.  El término de San Román se dividía en 4 partes o cuarteles y cada cuartel era dividido o repartido, a su vez, para 5 ó 6 rebaños que cada pastor respetaba al conocer bien los límites establecidos. Anualmente cada ganadero pagaba una cuota a la Hermandad de labradores por dicho pastoreo: aprovechamiento de rastrojos, viñas, una vez vendimiadas. La hoja de la remolacha era contratada y abonada directamente al dueño de tal explotación.   

Los beneficios que aportaban las ovejas al ganadero eran: corderos, leche, lana y la venta del estiércol, como fertilizante, al agricultor.

España ostentó durante largo tiempo el monopolio europeo de la lana o vellón. La raza ovina “manchega” fue la única fuente de lana en el mundo hasta que en el siglo XIX los ingleses iniciaron la transformación del algodón. 
Hasta el siglo XVI la  Mesta gozaba de la protección de los Reyes, porque la lana era el producto de exportación más importante de España y prácticamente fue el principal abastecedor de las arcas del país, a través de los ingresos obtenidos por los impuestos a estas exportaciones. Por esta razón la Mesta tenía influencias fundamentales en la construcción de la sociedad española medieval y moderna. La Mesta era una asociación de ganaderos castellanos que regulaba la trashumancia de las ovejas y defendía sus intereses frente a la agricultura.

Los pastores encerraban las ovejas durante el tiempo frío, protegiéndolas de las inclemencias del invierno, en el pueblo, en cuadras o cobertizos; sin embargo, en verano lo hacían al raso en apriscos improvisados con teleras. Había un acuerdo entre los ganadores y los labradores, que dejaban a aquellos las fincas donde se ponían las teleras, y era la obligación de los labradores de aportar económicamente lo estipulado a los ganaderos, fruto de la fertilización que realizaban las ovejas en la finca donde se asentaban. Eran apriscos móviles que recorrían toda la finca mediante el cambio de posición de las teleras. El agricultor aportaba un asentamiento a dicho ganado durante una temporada y a la vez pagaba por ello.  

Con la invasión de los visigodos (468 d.C.) comenzó la trashumancia entre zonas lejanas. La protección de esta actividad y los derechos de los ganaderos y pastores quedó incluida dentro de los códigos jurídicos que contenía el Fuero Juzgo” visigodo, que como ya dijimos, en anterior artículo de este blog, fue elaborado por el rey Chindasvinto y promulgado por su hijo Recesvinto. La Trashumancia en España era el traslado o paso del ganado por sus pastores desde las dehesas de verano a las de invierno, y viceversa, siempre buscando una mejor calidad de pastos como consecuencia de las fuertes diferencias estacionales de la península ibérica. La trashumancia tejió un extenso sistema de comunicaciones de vías pecuarias que al inicio del siglo XXI todavía subsiste a lo largo de 125.000 kilómetros y más de 400.000 hectáreas, entre cañadas, cordeles, veredas y coladas. 

Hemos perdido en nuestros pueblos la belleza del paisaje que generaba la vista a lo lejos del bucólico pastor y su rebaño. El pastor con cayada en ristre, zurrón y honda, dominaba esa congregación de animales con la ayuda del perro. El perro, era su mejor compañero como ayuda para
dirigir y llevar el rebaño de ovejas. Sin un buen perro es muy difícil conducir un rebaño de ovejas. El pastor se encargaba de adiestrar a su perro para conseguir sintonizar con él a la hora de recibir las órdenes necesarias para la conducción del rebaño. Había perros que no dejaban arrimarse a ningún extraño al rebaño, basta que alguien se acercaba al pastor, ya le estaban enseñando los dientes. Podría decirse que el pastor y el perro eran el baluarte de un buen pastoreo.

Los pastores eran unos auténticos meteorólogos, las nubes, el viento eran para ellos indicadores del tiempo, con previsiones acertadas. Sabían la hora en cualquier momento, midiendo con el brazo extendido los dedos que había desde el horizonte hasta el sol. Así mismo, eran grandes observadores de los comportamientos de los animales a la hora de barruntar distintos fenómenos atmosféricos.


Aunque cada pastor conocía bien sus ovejas, existían dos sistemas para saber a quién pertenecían las ovejas: el uno consistía en hacerles hendiduras y agujeros en las orejas; el otro marcarlas con pez caliente cuando están recién esquiladas, también existían unos hierros que llevaban la letra del nombre del propietario en uno de los extremos y un mango de madera en el otro. Se calentaba pez o alquitrán y con el marcador impregnado se aplicaba en la parte alta de uno de los costados de la oveja. Otra forma de identificar un rebaño era a través de los cencerros o esquilas que llevaban algunas ovejas, así como para facilitar la labor de búsqueda si una oveja se perdía o extraviaba. A modo de curiosidad, me contaba un compañero que, en algunos pueblos de la provincia de Guadalajara, en plena Alcarria, había profesionales cuyo oficio era el de “afinador de cencerros”. Consistía dicha actividad en dar a los cencerros un tono característico a cada rebaño, así el dueño localizaba mejor donde se encontraba, en cada momento, el suyo. Profesión afectada por la desaparición del pastoreo.

La oveja recibe varios nombres de acuerdo con su edad: “cancina" cría de oveja de un año  “borrega”, de un año a dos años. A partir de ser borrega, la oveja cambia dos dientes cada año hasta el quinto. Los entendidos saben la edad que tiene una oveja por el estado en el que se encuentra su dentadura. Cuando se consideraba que las corderas ya eran grandes, se procedía a destetarlas. Hemos de aclarar que a los machos de hasta un año se les llama corderos y reciben distintos nombres según sus meses de vida: “lechal”, “recental” y “pascual”.  

Antes lamentábamos el encuentro en la carretera o caminos con un rebaño, había que detener nuestro vehículo mientras el pastor apartaba hacia la derecha las ovejas con el fin de darnos paso. Ahora vemos las cunetas de nuestras carreteras, caminos y algunos parajes de nuestro pueblo, ejemplo los tesos de las bodegas, etc. plagados de altas hierbas. Estas hierbas eran alimento de las ovejas que limpiaban estos parajes evitando ser la causa de algunos fuegos actuales.  Este fenómeno de la desaparición de la ganadería extensiva, del ganado ovino, es algo similar a una ruptura de la cadena alimentaria. Nos ocurre a la sociedad actual como aquel pueblo que, dado el trigo que comían los pájaros, decidieron exterminarlos y las consecuencias fueron peores ya que el pueblo se convirtió en inhabitable dada la proliferación de mosquitos, Aquí no hemos eliminado las ovejas, aunque si indirectamente, por las causas anteriormente expuestas, así como las pocas ayudas recibidas de los gobiernos de turno, lo que  ha terminado en su desaparición por explotación poco rentable.

Últimamente, en determinadas zonas de España se detecta un resurgir del pastoreo. Las causas principales de este resurgimiento son:
-Un creciente interés de algunos sectores de la población por productos alimenticios artesanos.
-Iniciativas de “una vuelta al pueblo”, como consecuencia de esta última crisis y paro en las ciudades.
-Otra causa es la preocupación por el medio ambiente y por las prácticas (como el pastoreo) que contribuyen a su conservación.
-El potenciar en algunas partes de España "escuelas de pastores", como una situada en el Parque Nacional de Picos de Europa, otras en Teruel y Guipúzcoa. En estas escuelas se enseñan las labores propias de la profesión, además de otras asociadas al oficio, como la elaboración de queso.

La sociedad tiene una deuda histórica con el pastor y la cultura ancestral que representa; puede ser saldada mediante el conocimiento, conservación y documentación de un saber que no está plasmado en libros, devolviendo de este modo a las gentes que trabajaron y trabajan en el cuidado del ganado el prestigio que nunca debieron perder.

Nota: He de agradecer el asesoramiento, así como alguna puntualización de mi primo Lucio Gil Seco, experto  como ganadero que fue, en otros tiempos, de ganado ovino.