martes, 19 de marzo de 2013

Relación de matar el gallo (4)


 
Relación dedicada a las mujeres

 
Transcribimos hoy una relación de matar el gallo, que desconocemos el año de carnaval que se declamó, así como quien la dijo y autor. Sólo sabemos que es dedicada a las mujeres. Consta de tres partes: la dedicada a "las mozas de antes", la dedicada a “las mozas de hoy” y una última parte dedicada a "las mujeres casadas". Omitimos las dos últimas partes por sus tintes despectivos y machistas contra la mujer. Creo que los tiempos cambian en la manera de pensar de las personas y su transcripción podía ser caldo de cultivo, del tema tan tratado estos días, de la “violencia de género”. Sin embargo la parte primera todo son alabanzas a ellas, tal vez como una manera de sublimar y exaltar a sus madres y abuelas.

 

      Relación “las mujeres”

      En esta “suerte del gallo”
      que vamos a celebrar,
      que a los viejos trae recuerdos
      de aquella su mocedad,
      a los jóvenes ardores,
      sobre caballo alazán
      y a los niños la esperanza
      de que un día llegará …

      Ese día en que soñamos
      todos en esa edad
      y en novelas de ocasión
      -cualquier parecido que haya-
      no es mas que imaginación.

      Por lo tanto
      ¡va por ellas!
      ¡aquí va mi relación!

      Dedicado a las mozas ..… “de antes”

      ¡Oh témporas! ; ¡Oh mozas!....
      -decían los antiguos-
      ¡oh tiempos!, ¡oh costumbres!
      decimos los de hoy.

      Y todos coincidimos
      en nuestras opiniones,
      en que el tiempo pasado
      fue mejor.

      ¿No recuerdas oírlo
      a vuestros padres?
      -pues nosotros también-
      y esta larga cadena,
      que así opina,
      difumina el ayer.

      Así nutre que, honrando
      a nuestros padres,
      también coincidiréis,
      que tocante a mujer,
      -la de este siglo-
      con la de ayer.

      Aunque no por experiencia
      -ya que mi experiencia es poca-
      sabemos que como aquellas
      mujeres, ya quedan pocas.

      Eran de una condición,
      -según dicen los mayores-
      que no usaban en su cutis
      mas que sus propios colores.
 
      El carmín era su sangre
      que la tez arrebolaba,
      y su boca roja y fresca
      era Dios quien la pintaba.

      El decoro en el vestir,
      el recato en el andar,
      la prudencia en el hablar
      y la gracia en el reir.

      Eran por demás caseras,
      amigas de las labores,
      habladoras, -lo preciso-
      recatadas en amores.

      Larga falda, fino talle,
      quizás el busto “descotado”
      detalle que a nuestros “viejos”
      los ponía dislocados.

      Decidme tiempo presente:
      ¿qué fue de aquellas mujeres?
      ¿qué fue de su donosura?
      ¿por qué no se encuentra hoy tal hermosura?
 
       Muerte del gallo:

      Solo me resta pedir,
      el perdón más obligado,
      a aquel que voy a matar,
      despiadado …

      No cantarás,
      al alba de mañana,
      con un canto feroz,
      -lo lamento de verás-
      pues mañana estarás en arroz.

      En esta vida amigo,
      no existe Edén,
      se cocían la cabeza
      y a la sartén.

      Triste destino el tuyo,
      vida funesta,
      ¿para qué te ha servido
      tan bella cresta…?

      Caballero a la gineta
      de mi brioso corcel,
      que indómito tasca el freno,
      sin poderlo contener…

      Conjuro al gallo arrogante
      ¡a morir!
      bajo el peso de mi espada
      ¡a morir!

     ¡¡¡…Adelante!!!
                                              

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